Después de una estadía en Bolivia de seis años y siete meses junto a su esposo Adrián Ávila y su hija Anais, la representante de Panamá, Mirlo Guerra, se despidió del país. La diplomática concluyó su misión y se alista para retornar a su natal Panamá.
La reunión fue organizada por la anfitriona en las dependencias de la embajada, donde acudieron representantes del cuerpo diplomático y amigos de organizaciones nacionales e internacionales. Guerra siempre se caracterizó por ser el alma de las reuniones y las fiestas por su natural alegría.
En su discurso, no fue diferente y con emotividad dijo: “Dejo a mis amores y les agradezco por el apoyo. Se queda una parte de mí porque ésta fue mi casa, lugar donde mi hija creció y con ella las amistades que logré”. Días antes de esta cita, fue condecorada por el secretario de Culturas del Gobierno Municipal de La Paz, Andrés Zaratti, por la labor realizada.






