Hilos de cobre mezclados con hebras de algodón de colores penden desde el techo y caen hasta el suelo. Se mueven. No son rígidos, pero a cierta distancia se asemejan a una pintura textil. Se trata de la obra de Beatriz Oggero, Ritmo, color, transparencia, expuesta en el Espacio Simón I. Patiño, pero que anteriormente estuvo en México y en la V Bienal Internacional de Buenos Aires, Argentina.
“Esta muestra tiene un gran significado para mí, porque puedo ver mi propia trayectoria reunida y hacer un diálogo con los materiales: colores e hilos, y con los inmateriales como tiempo, ritmo, estructura y transparencia”. Las sombras que forman los tejidos son parte de las piezas, convirtiéndolas —como dice la autora— en esculturas textiles, cuya transparencia se torna en una metáfora de la red.
«La internet antes iba por el cable coaxial, ahora va por fibra óptica. Como dijo el filósofo Baudrillard, el mundo en el que estamos viviendo tiene una transparencia obscena, porque todo se sabe al minuto”.






