Considerado el mejor guitarrista de música folklórica de Bolivia del siglo XX, el tupiceño Alfredo Domínguez fue, además, un eximio pintor y grabadista que transitó por diferentes centros culturales de La Paz.
Años después, y gracias a una beca obtenida en la Fundación Simón I. Patiño, fue a Ginebra, Suiza, donde se quedó para perfeccionar el arte del grabado, de la pintura y de la música. Allí murió hace 37 años.
Es por eso que el Espacio Simón I. Patiño le rindió un homenaje con la presencia de amigos, admiradores de su obra y su esposa Gladys Cortez viuda de Domínguez —quien mencionó que fue precisamente en Suiza donde él tuvo grandes progresos en el Centro Ginebrino del grabado. Esa noche las composiciones de Domínguez se escucharon en la guitarra de Alfredo Gavilano y en las voces y los instrumentos del grupo musical Familia Cortez, que cerraron la velada.






