Reticentes a parir acostadas, las mujeres de la Amazonia y los Andes peruanos pierden cada vez más el miedo a acudir a la red sanitaria del Estado, donde ya encuentran facilidades para cumplir su costumbre de dar a luz «en vertical».
Además de la posición horizontal, el parto vertical o tradicional permite a las mujeres probar otras posturas: en cuclillas, sentadas, arrodilladas, agarradas a una soga o barandas, apoyadas, sostenidas por una persona, solas, e incluso completamente de pie.
Menos sangrado, menos posibilidades de desgarros y mucho menos dolor son las bondades que defienden especialistas como Ángela Brocker, directora en Lima de la casa Pakari (nacer, en quechua), que promueve esa práctica.
Las diferencias entre regiones peruanas son evidentes: mientras en la sierra las mujeres paren más en cuclillas y semisentadas, en la selva prefieren hacerlo de pie y agarradas, explica a EFE la coordinadora de la Estrategia Sanitaria Nacional de Salud Sexual y Reproductiva, Lucy del Carpio.
En Perú, estas prácticas no fueron institucionalizadas hasta el 2005, cuando el Ministerio de Salud elaboró una norma para atender este tipo de partos con el fin de respetar las diferentes culturas y reducir la mortalidad materna.






