Bomberos y equipos de limpieza con palas excavadoras limpiaban una amplia zona en Hungría afectada por un vertido de residuos tóxicos, que ha causado desde el lunes cuatro muertos y más de un centenar de heridos.
Estos residuos, que contienen elevadas cantidades de silicio, hierro y otros metales pesados, inundaron una región de unos 40 kilómetros cuadrados en los alrededores de la población de Ajka, a unos 160 kilómetros al oeste de Budapest, tras romperse el dique de una represa donde estaban contenidos los desechos.
El fuerte olor que despedía el vertido causaba irritación de los ojos y la nariz, y se extendía ayer por la aldea de Kolontar, la más cercana a la represa de «barro rojo», que ha sido declarada área de emergencia por las autoridades húngaras.
Las calles de este pequeño poblado de 900 habitantes, situado a unos 160 kilómetros de Budapest, estaban cubiertas hasta la altura de las rodillas del barro de color ladrillo.
Los residuos tóxicos son generados por la producción de aluminio y pertenecen a la empresa MAL. Cuatro personas han muerto y más de cien han resultado heridas, algunas de gravedad, a consecuencia de lo que en Hungría se considera la mayor catástrofe medioambiental de su historia.






