Los operarios de las dulcerías de Quillacollo trabajan sin descanso para tener listos los misk’is (dulces) que serán vendidos para adornar las mesas de la fiesta de Todos Santos. El costo del azúcar subió los precios, pero la tradición sigue vigente.
El aroma del tradicional misk’i ya inundó las calles de Cochabamba, al igual que las figuras del dulce que son características de la fiesta de Todos Santos, hace tres semanas que los artesanos comenzaron a elaborar ataúdes, cruces, canastas, botellas, candeleros, ángeles y un sinfín de imágenes que sirven para adornar la mesa o tumba que se erige cada 1 de noviembre a la espera de las almas.
El oficio fue enseñado de padres a hijos en esta familia y además de ser un sostén económico para ellos los ayuda a desarrollar su creatividad, pues año a año presentan figuras a pedido y otras innovaciones que llaman la atención de la gente que por tradición compra el producto.
La señora Irma Borda de Vera, de la Pastillería Borda, realiza el preparado de las mesas de Todos Santos. Contrató a 10 operarios para que diseñen desde las pequeñas canastas, escaleras, helicópteros, autos, camiones, motos, cruces, canchas de fútbol, basquetbol, mariachis y hasta hornos panificadores. La pastillería está ubicada en el pasaje Atacama, en Quillacollo, a 16 kilómetros de la ciudad de Cochabamba.
«Manejar el dulce es un arte», señaló doña Irma, se necesita habilidad en las manos y destreza para no quemarse, porque la masa debe ser trabajada mientras está caliente. «Si no tiene movimiento rápido en los dedos, el dulce se enfría y no se puede hacer nada. Se necesita agilidad», acota.
Dos quintales de azúcar al día son necesarios si existen pedidos, si la demanda es poca, un quintal basta. «Aunque el azúcar ha subido nos estamos dando modos para atender a la gente que busca los dulces», dice y es posible que las ventas no sean las esperadas.
La señora Teresa Peredo también tiene una dulcería y contrató a 15 operarios para preparar los misk’is. «Pese que subió el precio del azúcar, tenemos que cumplir con la demanda de la gente, que nos pide el producto para adornar las mesas», cuenta. Una mesa para un difunto cuesta entre 200 hasta 1.500 bolivianos, de acuerdo al tamaño.
Los talleres ya están repletos de objetos que la gente encarga, desde los más pequeños le dan forma al misk’i, «las figuras grandes necesitan tiempo, por lo menos un mes, hay que formar, hacer secar y acomodar para luego poner a la venta», cuenta la propietaria.






