Sentada en el suelo y mascando unas hojas de coca, Rosa (nombre ficticio) mira sus dedos desgastados y arrugados de tanto lavar. Desde hace 15 años sostiene a su familia con esta actividad temporal.
«Pese a que lavo la ropa con guantes, las manos me duelen de tanto lavar. Busqué trabajo de empleada doméstica, pero no me quieren contratar, porque ya soy mayor (50), buscan a chicas de 17 a 20 años», dice mientras acomoda su sombrero negro.
De lunes a sábado, espera frente a la plaza Eliodoro Camacho, al lado del mercado del mismo nombre, a sus ocasionales patrones que la llevarán para lavar entre dos y tres docenas de ropa. «Es difícil trabajar como lavandera pues a veces hay trabajo y gano ocho bolivianos por docena, pero hay días en que me voy con las manos vacías».
Cuando no consigue dinero, acullica coca para calmar el hambre. Se queja de que hay «señoras que no le invitan nada para comer» cuando va a las casas.
Según Rosa, los lunes y los sábados hay más demanda y puede ganar entre 40 y 50 bolivianos.
«Ese dinero lo ahorro semanalmente para pagar la luz y el agua. Aunque hay ocasiones que no me alcanza y no hago mercado para poder cancelar».
La mujer de 50 años es madre de seis hijos, aunque sólo tres viven con ella.
«Los mayores ya han hecho su vida, pero los otros aún estudian en un colegio fiscal. Para pagar los gastos a veces vendo en la feria de Alasitas y con ese dinero compro zapatos, útiles y sus libros».
Cría sola a sus hijos, porque hace 15 años que Rosa se separó de su esposo. «Fue muy difícil tomar la decisión de separarme, aunque fue lo mejor, porque todo el tiempo me golpeaba», dice mientras sus ojos negros no se dejan ver.
Recuerda que su madre no pudo apoyarla para estudiar. «Luego me casé con un hombre sin empleo y tuve que trabajar como empleada cerca de seis años. Quizás si hubiera estudiado estaría mejor».
Ella y sus hijos viven en una casa que cuidan en la zona de la Periférica. El dinero apenas alcanza para la comida, el pago de los servicios y la educación, por eso no van al médico y cuando se enferman se curan con hierbas.
Rosa anhela tener un trabajo seguro o una renta fija. Mientras tanto, seguirá lavando y soportando el dolor de sus manos.
* La señora recibe ofertas laborales al teléfono 77570912






