Veinticinco locales, entre restaurantes, pensiones y broasterías, echan el agua en la que lavan sus utensilios de cocina a las aceras y calzada de la calle Carrasco, entre la 1 y la 5, que se convierte en un peligroso lodazal en la época de lluvias.
La grasa y el aceite de este líquido residual convierten la vía en una trampa resbaladiza que acecha a los transeúntes y termina derribándolos en el suelo. «Es un barro negro que no sale de la ropa porque mancha los botapiés de los pantalones. Si uno anda con zapatos de cuero, tiene que evitar caerse porque es muy resbaloso», dice Mónica Castro, abogada que trabaja por la zona.
Vecinos denuncian que los propietarios de las viviendas, edificios y negocios no limpian sus aceras y que las aguas servidas que echan a la calle obstruyen los desagües. Este hecho afecta en forma directa a las viviendas, por las inundaciones que se generan en la época lluviosa.
La Empresa Municipal de Aseo de El Alto (Emalt) y el Centro de Operaciones de Emergencia (COE) de El Alto informaron de que en la zona colindante con la calle Carrasco y la Plaza del Lustrabotas los taponamientos se producen a raíz de la basura y desechos que se echan en las esquinas, aceras, calzadas y bocas de tormenta.
«La grasa genera una capa permeable que impide que el agua sea absorbida por la superficie y se distribuya por los desagües. Se acumula en las cañerías y provoca el colapso que al final provoca las inundaciones», explica el técnico del COE, Luis Navía.
Sólo en las tres cuadras de la calle Carrasco y las calles adyacentes a la Plaza del Lustrabotas, La Razón contó 25 negocios de comida. De éstos, 18 ofrecen sus alimentos en las puertas de las casas y ocupan parte de las aceras. Al terminar el día, los propietarios lavan sus ollas y utensilios sobre las aceras y desechan el líquido en plena vía pública y la grasa que se mezcla con el agua se asienta sobre la acera.
«Es un problema que se genera por la falta de conciencia. No se dan cuenta de que se hacen daño a sí mismos. Cuando llueve deben afrontar que las consecuencias no son buenas ni para ellos mismos ni para sus clientes», dice el ejecutivo de la Junta Vecinal Carrasco, Miguel Chungara López.
Los propietarios de los negocios afirman que no tienen cloacas donde echar el agua y tampoco hay contenedores de basura. «El sistema de alcantarillado no es bueno, colapsa todo el tiempo, preferimos echar en la calle para no dañar la tubería», dice la propietaria de la pensión Los Álamos.
No hay norma para el uso de aguas servidas
La Alcaldía de El Alto no cuenta con una norma específica para regular el destino de las aguas servidas de locales como restaurantes y pensiones que funcionan en las zonas comerciales del centro alteño, como en las avenidas 6 de Marzo, Kilómetro 7 y la calle Carrasco.
El asesor legal del Concejo Municipal, Miguel Siles, dijo que la Ordenanza Municipal 383 sanciona a los vecinos que echen basura en las calles, pero no especifica el uso de las aguas que utilizan los locales.
«El problema de la basura es muy recurrente en El Alto, las aguas servidas también tienen que ser consideradas como desechos y la norma debe contemplar una sanción para quienes las echan a las calles; es como sancionar a industrias que contaminan su entorno con aguas infestadas».
El profesional dijo que es necesario aprobar una ley municipal y aconsejó que los vecinos que afrontan este problema sugieran al órgano deliberante la necesidad de aprobar una norma específica.
La norma contemplaría todo lo relacionado con la basura y la limpieza de las calles y la función de la Empresa Municipal de Aseo (EMALT) en el control y cumplimiento de las disposiciones. «Sólo se tiene que mejorar y ajustar la actual normativa y generar mecanismos de control para su cumplimiento», señaló.






