EFE – París
La prohibición de los matrimonios homosexuales no es contraria a la Carta Magna francesa, según la decisión adoptada ayer por el Consejo Constitucional, que decidió que corresponde al Legislativo, si así lo considera, cambiar la ley para autorizar este tipo de uniones.
La sentencia, muy esperada por las asociaciones de homosexuales, supone un jarro de agua fría para los anhelos de quienes contaban con esta vía para autorizar, en Francia, un tipo de matrimonio que ya existe en países vecinos como España, Bélgica u Holanda.
En la motivación de su decisión, el Constitucional estableció que la ley actual no priva a los homosexuales del derecho constitucional a tener una vida familiar normal, puesto que tienen la opción de vivir «en concubinato» o constituir una pareja de hecho.
El Consejo consideró que no es discriminatorio que la ley recoja diferencias entre las uniones homosexuales y las heterosexuales y que la definición de matrimonio como la unión de un hombre y una mujer tal y como recoge el Código Civil no es discriminación.
La justicia ahora remitió la cuestión a los políticos, que deberán decidir si lo colocan en la campaña electoral de las Presidenciales del año próximo.
Ésa es ahora la esperanza de las asociaciones de gays y lesbianas, que pretenden alimentar el debate apoyados en su percepción de que una mayoría de los franceses son favorables a ese tipo de uniones.
Críticas. «Han dejado escapar una ocasión histórica de acabar con una discriminación que sufren tres millones de homosexuales franceses que no pueden casarse», dijo la letrada de la Asociación de Padres Gays y Lesbianas (APGL), Caroline Mecary.
Corinne Cestino, una lesbiana que junto con su pareja, Sophie Hasslauer, inició el combate jurídico hasta la máxima instancia judicial francesa, explicó que «las parejas, de hecho, no tienen los mismos derechos que los matrimonios. Por ejemplo, nuestros hijos están más desprotegidos».






