El 2010 no fue un año más para la viacheña Sonia Rojas Pocoaca y la chuquisaqueña Paola Moscoso Rojas. Cuando los sueños de ambas estaban a punto de ser truncados por la insuficiencia renal, un nuevo riñón les devolvió la vida en el Hospital Obrero, de La Paz.
Las dos bolivianas formaban parte de los cerca de dos centenares de enfermos crónicos que deben asistir tres veces a la semana para sobrevivir gracias a un riñón artificial mediante la diálisis. No obstante, ahora al empezar el 2011, mientras siguen todas las instrucciones de los médicos, se preparan para hacer realidad aquellos sueños que parecían lejanos, mientras estaban internadas.
El Obrero, que realiza desde 1979 trasplantes, efectuó el año pasado 12 trasplantes de riñón, dos de ellos precisamente son los casos de Sonia y Paola. Ellas asisten periódicamente a ese establecimiento para el seguimiento médico, pero se sienten más tranquilas, porque lo más duro pasó.
Renacer. En Bolivia existen unos 2.000 pacientes renales que necesitan un riñón y unas 300 personas mueren cada año por insuficiencia renal, según datos del Ministerio de Salud y Deportes. «Creemos que debe existir una mayor conciencia de parte de todos los bolivianos para donar un riñón. A mí me salvaron la vida y siempre estaré agradecida a mi hermano (Eduardo)», sostiene Paola Moscoso.
Al igual que Paola, Sonia Rojas volvió a renacer. «Mi hermana (Antonia) me devolvió la vida y ahora estoy mejor», resume la viacheña.
A ellas se sumó en diciembre Jeanet Villarreal, a la que injertaron un riñón de un donante cadavérico. Zenobio Apaza Choque recibió otro órgano de un donante similar, pero el joven de 29 años no sobrevivió a una infección severa, según el médico Freddy Sandy, director del Obrero.
Un kínder toma cuerpo. Sonia Rojas abrirá una escuela para niños con capacidades diferentes
Hace un año, la profesora Sonia Rojas Pocoaca estaba hundida en una de sus peores depresiones. La insuficiencia renal la obligaba a ir tres veces por semana al hospital, se cansaba rápido, no podía comer ni respirar y constantemente oía que a los enfermos terminales ‘sólo hay que esperarlos’.
«Clínicamente estaba muy mal, no podía soportar más la diálisis (una máquina que hace de riñón artificial)», recuerda Sonia. Desde ese momento, mucha agua pasó bajo el puente.
En abril del 2010, la maestra de primaria recibió una de las mejores noticias de los últimos años. Luego de rigurosos estudios médicos, su hermana Antonia estaba habilitada para donarle un riñón. La cirugía se hizo en el Hospital Obrero y ahora la viacheña no sabe cuándo celebrará su cumpleaños, el 18 de noviembre cuando nació o abril cuando volvió a la vida.
Diferentes. Sonia volvió a renacer y se prepara para abrir un kínder para niños con capacidades diferentes en Tilata a unos 15 minutos del municipio de Viacha en La Paz. «He vuelto a la vida. Ahora ya tengo un terrenito donde instalaré el kínder en Tilata, ya hablé incluso con algunas profesoras que me ayudarán», cuenta optimista. Atrás quedaron los días cuando el dolor podía más que sus deseos de dar clases en el colegio Chiarapaqui de El Alto.
Uno de los momentos más duros sucedió el 2009 cuando además de un incesante dolor de cabeza, ya no pudo enseñar a sus alumnos. «Realmente estaba muy mal, pero ahora ya estoy mejor y con ganas de hacer muchas cosas».
Todo cambió ahora. Sonia sonríe junto a su hermana mayor Antonia, parecen dos adolescentes, mientras saborean una ensalada de frutas en la plaza Murillo. «Siempre le estaré agradecida a mi hermana», afirma la beneficiaria.
En abril del 2010, un equipo de médicos liderados por Luis Ibáñez realizó con éxito el trasplante en el Hospital Obrero. Ese nosocomio puede realizar además desde diciembre cirugías con donantes cadavéricos. Sonia se considera una afortunada al haber recibido un riñón de su hermana. «Otros también están esperando la donación de uno y por eso creo que los bolivianos deberíamos ser más solidarios», precisa.
Después de la operación Sonia es otra y su optimismo contagia. «Tengo muchos sueños, porque mi kínder dará además apoyo en salud y sicología a los niños de la zona». Antonia abraza a Sonia. Vive con un sólo riñón y según los expertos el ser humano no tendrá complicaciones. «Le ayudé a mi hermanita y eso es lo más importante», expresa Antonia, la hermana mayor.
El anhelo de una sucrense. Paola Moscoso retomará sus clases para convertirse en una maestra de primaria
Las imágenes del Señor de Mayca, de Sucre, el Señor Justo Juez y la Virgen María Auxiliadora protegen a Paola Moscoso Rojas. La joven de 24 años atribuye a ellos, a su madre María Teresa y al equipo de médicos del Hospital Obrero como los autores del milagro que ahora disfruta.
Mientras pasea por El Prado paceño junto a su madre, Paola recuerda con dolor todo lo pasado hace un año. «La diálisis es incómoda, porque uno debe estar cuatro horas conectado a una máquina, hay el riesgo que te dé además un paro cardíaco. Ahora puedo comer de todo, tomo leche y otros líquidos que no podía beber antes», suelta con una sonrisa.
Hermano. La insuficiencia renal la alejó por un año de los estudios que seguía en la Normal de Maestros de Sucre. Las opciones para su recuperación cada vez eran más reducidas, por eso cuando Paola oyó hablar de la posibilidad de un trasplante volvió a creer en los milagros. Su hermano Eduardo estaba dispuesto a donarle un riñón.
«Fue el 7 de diciembre cuando el médico Luis Ibáñez y todo el equipo me practicaron la operación y ahora estoy aquí recuperándome, pero cada vez estoy con más fuerzas, esto realmente es un verdadero milagro», asiente Paola.
Eduardo es su hermano mayor y le permitió recobrar la vida a Paola, la menor de los siete hijos de María Teresa Vda. De Moscoso. «Está mejor, pero debemos ir aún a las revisiones médicas, por eso seguimos en La Paz», cuenta María Teresa.
Paola extraña la tranquilidad de las calles de Sucre, el humeante y picante mondongo, pero sabe que debe cuidarse, por eso luego de pasar unos días en la Capital retornará a La Paz en marzo para los chequeos médicos. «El doctor Ibáñez me dijo que el injerto anda bien, pero debo cuidarme siempre», alerta. Paola utiliza un barbijo, pero eso es poco comparado a los días cuando tuvo que estar conectada a la máquina de la diálisis.
«No sé si fue porque siempre le pedía al Señor que me ayude, pero antes de la cirugía siempre me soñaba subiendo unas gradas y rodeada de médicos. Al final mi sueño se hizo realidad», cuenta feliz.
Tiene otro sueño: acabar sus estudios en la Normal de Sucre para ser maestra de primaria. «Estoy en cuarto año, me siento fuerte y sé que lo conseguiré», reta la joven que al igual que Sonia Rojas sabe y conoce de lo que es luchar por vivir.
Más datos sobre las cirugías
Fuera de Bolivia
El trasplante de riñón fuera del país puede costar unos 10 mil dólares. En Bolivia el costo es cubierto por el Seguro Social.
Vida
Un riñón trasplantado puede durar en promedio entre 10 y 15 años, según los especialistas.
Vivir con un riñón
Sí, se puede vivir con uno solo, uno de ellos puede cumplir las funciones excretoras de los dos, pero hay que tener cuidado.






