Daniel se siente «orgulloso» de su pericia para realizar artesanías. Hasta el momento ha creado un joyero, una vela, un perro, un tapete y un juego de té para adornar la sala o la vitrina de una vivienda, dice sonriente.
«Sólo necesito aguja e hilo de pescar, las educadoras nos enseñan cómo hacerlos, nos dan los materiales y yo los aplico», relata este interno del centro Rosaura Campos de La Paz. El pasado 24 y 25 de enero, en la sede del hogar, se efectuó una exposición en donde se ofrecieron al público los trabajos realizados por los internos del hogar.
«La finalidad era reunir fondos para los ancianos abandonados, que no tienen recursos, para llevarlos al canal (RTP para que los reconozcan sus parientes) y para hacer sus trámites», explica la administradora de la institución, Celia Agramont.
Historias. Agramont expresa que con este tipo de tareas se busca mostrar a la gente de que muchos de los internos «son hábiles» para elaborar variedad de artesanías que pueden ser comercializadas. Los materiales que se usan son la goma eva, perlas, lana, papel, pintura, entre otros productos.
Hace unos siete meses que Daniel está en el Rosaura Campos. La Brigada de Protección a la Familia lo designó a ese lugar tras ser abandonado y maltratado en su casa. «Un día, mi hijo (tiene tres) me pegó porque no le quería prestar 200 dólares, me echó de la casa, estuve deambulando en la calle y en un parque, dormía en una plaza», relata.
Una señora lo socorrió y lo llevó a la brigada. Él espera que el centro le designe un lugar fijo para vivir o que cualquiera de sus otros dos hijos lo vaya a buscar y lo lleve a un cuarto alquilado, tal como le prometieron.
Celina (68), oriunda de Larecaja, también está en el Rosaura Campos y ocupa su tiempo en confeccionar prendas tejidas. Dice que de 08.00 a 19.00 no «para» de tejer chambritas, chalecos y chompas de diversos colores y tamaños. Además de pasar cursos en el centro, aprendió a partir de muestras que compró de la calle.
Los diseños y puntos los combina según la ropa que desea tejer. Comenta que tarda una hora en las prendas pequeñas y hasta ocho, en las grandes. «También hago polquitos, gorritos, con botones, yo me hice esta chompa (muestra la que lleva puesta)», indica.
Celina cuenta que fue abandonada por sus familiares. Vivía en un cuarto alquilado y trabajaba como empleada doméstica, pero no recuerda cuándo quedó en la calle, aunque comenta que hace más de ocho meses está en el centro Rosaura Campos.
Diego (65) también fue olvidado por sus seres queridos. Tiene problemas de memoria, habla y cuenta que es «muy hábil» en cortar papel periódico, cartón y goma eva para crear las artesanías, como carretones y floreros, que realiza junto a compañeros.
Se acoge a 20 adultos
El Centro Transitorio Rosaura Campos acoge actualmente a 20 internos. De este total, nueve son los dedicados a realizar las manualidades. Ellos han demostrado una mayor capacidad para esta tarea y no presentan problemas psiquiátricos.
El centro inició su servicio social hace 80 años
El Centro Transitorio Rosaura Campos comenzó en 1930 su labor social acogiendo a una población de adultas mayores, señala una nota del Servicio Departamental de Gestión Social (Sedeges).
El hogar funciona en un inmueble que perteneció a la señora Rosaura Campos, quien en su testamento estableció que la vivienda funcionase como albergue para adultos mayores en situación de indigencia y abandono.
A partir del 26 de agosto de 2009, se establece que el centro sea transitorio. Esto permite atender a una población adulta mayor mixta y luego designar a los internos a la residencia María Esther Quevedo o al hogar San Ramón.
Rosaura Campos brinda servicios en salud, terapias actividades recreacionales, seminarios y conferencias respecto a la temática del adulto mayor. Como parte de su atención integral, el centro enseña a sus residentes a realizar manualidades. Actualmente, el centro depende del Servicio de Gestión Social de la Gobernación de La Paz.






