Por falta de una cocina y ollas, damnificados del campamento Santa Rosa de Asata, ubicado en el sur de Kupini II, no pueden elaborar sus comidas desde el miércoles. Un grupo de ellos relató a este medio que no probaron bocado dos días.
Se trata de un albergue a campo abierto con 11 carpas que entregó el Ministerio de Salud el domingo pasado y que alberga a 66 familias; «cada carpa acoge a seis familias», explicó el vicepresidente de la Junta de Vecinos, Juan Kutili.
«Las necesidades son grandes y las autoridades no nos prestan atención», lamentó. Por ahora, la demanda más urgente es una cocina y una garrafa para preparar los alimentos en una olla común, pues hasta el martes recibieron comida elaborada, la mayoría por comideras de los mercados.
«En vano llegan bolsas de fideo y arroz, no tenemos en qué cocinar, mis cuatro hijos y yo no hemos comido desde hace dos días», aseguró doña Victoria Orellana, vecina del lugar.
A ello se suma la necesidad de un baño público y agua potable. «Tenemos que buscar un lugar dónde hacer nuestras necesidades biológicas, si seguimos así nuestros niños se enfermarán», dijo Gumercinda Mendoza, madre de dos niños.
«El agua se convirtió en oro» sostuvo doña Victoria Apaza, refugiada de 43 años, «la ropa que nos donaron no la podemos lavar, ni mucho menos ducharnos», argumentó. «Si bien las cisternas nos dan agua, no tenemos en qué recibirla, apenas contamos con dos o tres botellas de plástico», señaló doña Gumercinda.






