Desde hace dos semanas, vecinos de Kupini II, cuyas viviendas no fueron afectadas por el deslizamiento del 28 de febrero, no cuentan con agua potable, al igual que los habitantes de la parte alta de la zona Sur.
Alrededor de 500 familias se abastecen del líquido por cisternas; sin embargo, éstas sólo llegan tres veces por semana, aseguró doña Elizabet Pantoja, vecina del lugar hace 12 años.
«Las cisternas no abastecen nuestras necesidades básicas de alimentación y mucho menos de higiene», agregó. Algunas familias optaron por acopiar agua de vertientes, de lluvia o de zonas aledañas.
«Tenemos que cocinar con agua de lluvia porque no se puede ir cada vez a las vertientes», sostuvo Flora Chuquimia, madre de tres niños, quien añade que «estos días nos falta todo, incluso nos peleamos por recibir agua de las cisternas».
El vecindario lamenta que EPSAS no escuche su clamor, sin embargo, los dirigentes vecinales estiman que el suministro se repondrá en dos meses.
A la escasez de agua se suma el hecho de que las viviendas próximas a la zona del desastre no cuentan con energía eléctrica «En la noche sólo alumbramos con velas y linternas», según doña Flora. Los vecinos reclaman resguardo policial porque aseguran que los ladrones hacen de las suyas por la falta de iluminación.






