«La diabetes me ha enseñado a luchar porque la vida es difícil. A veces uno piensa que no va ocurrir nada pero en un instante te pueden detectar alguna enfermedad o te puede pasar algo. Por eso, lo mejor es vivir al máximo y cuidar la salud», asegura Alejandro Tamayo, de 20 años.
Hace cinco años, que el joven se enteró que era diabético tipo 1 (juvenil).
«Tenía vómitos, visión borrosa, iba al baño de forma constante, sentía un hormigueo en el cuerpo y calambres», relata.
El joven dice que al principio los médicos le diagnosticaron una infección intestinal, luego le dijeron que estaba deshidratado y después que tenía apendicitis.
«Recuerdo que estaba en el quirófano y los doctores estaban listos para extirparme el apéndice. Pero, les dije que me hagan un examen de sangre porque tengo parientes diabéticos y ahí la descubrieron».
Cuando confirmó la noticia, Alejandro tenía 15 años y estaba en segundo de secundaria en un colegio de La Paz.
«Nunca he ocultado a nadie mi enfermedad. Por ejemplo, si hoy conozco a alguien le digo que tengo diabetes. Es mejor que lo sepan, para que entiendan las restricciones».
La enfermedad cambió su vida y le enseñó a ser más responsable, disciplinado y a comer de una forma saludable.
«En mi casa, mis padres (Patricia y Fernando) y mis hermanos Sergio (35) y María René (32) me apoyaron mucho, cambiaron la forma de endulzar los alimentos en las comidas».
Su rutina empieza a las 06.00. Luego de ducharse se inyecta las dosis de insulina que necesita.
Por lo general, desayuna una tortilla de huevo, jugo de naranja y leche. Cuando tiene clases en la universidad, a las 13.00, tiene un tiempo para comer y para inyectarse insulina. En la tarde come una fruta y practica natación.
«Se aprende a rechazar algunas cosas poco a poco, mientras vas madurando pues la salud es primero».
Por ejemplo, cuando va a una fiesta bebe un trago pero sin excesos. «Como diabético sé que sin la insulina no podría vivir. Por eso, es vital, pero el presupuesto para el tratamiento es caro. Uno por mes gasto entre 200 y 250 dólares».
Por eso es que para él es importante la ayuda del centro Vivir con Diabetes.






