«Los doctores no sabían que tenía diabetes tipo 1. Entonces, le dieron leche de soya. Recuerdo que ese día, él (Luis) ingresó en coma diabético pues el nivel de azúcar subió a 450 mg (miligramos de glucosa, lo normal en ayunas es desde 60 hasta 110). Estuvo tres días en terapia intensiva», dice su madre, Betty Ochoa.
Un examen de sangre finalmente dio el diagnóstico. «Cuando supe el resultado pensé que nuestra vida iba a continuar igual, pero cambió totalmente. Luis estaba acostumbrado a comer gelatina y yogurt y otros alimentos, pero ya no podía. Él necesitaba inyecciones de insulina (hormona que controla el nivel de azúcar), una dieta saludable y hacer ejercicios para mantener el azúcar en niveles normales», añade Betty.
Luis Cruz Ochoa nació el 20 de agosto del 2001 y vive con sus padres, sus hermanas Esther (14), Jacqueline (13) y su hermano Rojan (siete meses) en Villa Adela en El Alto.
Los primeros cuatro meses fueron los más difíciles para la familia Cruz Ochoa. El pequeño lloraba cada vez que recibía la dosis inyectable de insulina. Además, soportaba dolores de cabeza, se debilitaba y quedaba en riesgo de sufrir un coma diabético cuando el nivel de azúcar descendía por debajo de 60 mg.
«Mi hijo lloraba y sentía rencor porque no le permitíamos que coma chocolates o un yogurt. A veces se golpeaba la cabeza contra la pared. Era frustrante verlo así», cuenta Betty, sentada junto a su hijo quien bebe un jugo de papaya sin endulzante.
Incluso su papá, Freddy Cruz, dejó de trabajar por un tiempo para atenderlo. Actualmente gana 300 bolivianos a la semana como ayudante de carpintero y la familia se da modos para comprar los productos que necesita su hijo para tratarse.
APOYO. Todo empezó a mejorar cuando Luis ingresó al Centro de Educación e Información Vivir con Diabetes en La Paz, gracias a la ayuda de una educadora. Ahí conoció a otros niños con el mismo problema lo que le ayudó a darse cuenta de que no era el único con diabetes.
«Ahí aprendí sobre qué era la enfermedad, a inyectarme sólo la insulina tres veces al día, a controlar el nivel de mi sangre con el glucómetro», cuenta Luis, mientras muestra los puntos en su estómago y brazo donde se inyecta.
De la misma forma, sus padres se capacitaron sobre el control de la enfermedad y aprendieron a seguir de forma estricta los horarios de las comidas para que el niño recibiera una alimentación sana y que incorporara verduras y frutas.
«Aprendimos mucho, incluso a medir la dosis exacta de la insulina. Antes comíamos arroz, papa y chuño. Ahora, nos alimentamos bien, comiendo ensaladas. Incluso cuando preparo un saice agregó una ensalada», cuenta Betty.
Luis se acostumbró al cambio y ahora lleva una vida normal y muy apegado a los horarios y rutina.
Por ejemplo, se levanta a las 07.00 para el mismo inyectarse insulina y luego desayunar un vaso con leche y una fruta. Va al colegio y en el recreo come una naranja en vez de frituras, caramelos o chocolates que podrían hacerle daño.
De vez en cuando se antoja comer lo mismo que otros chicos del colegio, pero aprendió a decir «que no», cuenta su mamá.
«No podía comer nada, quería probar una gelatina pero no podía. Ahora ya me acostumbré. En el centro de educación nos enseñan a comer bien para no tener otras enfermedades», dice Luis.
A las 13.00, el niño se vuelve a suministrar una dosis de insulina y luego almuerza, por lo general ensalada, con arroz y carne.
«Los maestros no sabían del mal pero luego entendieron. Incluso el profesor de Educación Física le tiene mucha paciencia y antes de empezar los ejercicios le controlan que coma algún dulce para regular el nivel de azúcar en la sangre».
En la tarde se entretiene con sus amigos y primos jugando fútbol y luego hace sus tareas escolares. Antes de la cena, se inyecta insulina por última vez en el día.
«Luis siempre dice que cuando sea grande va ser médico para ayudar a otros con diabetes».
El centro apoya con rebajas
Betty Ochoa explica que el centro les colabora dándoles a un menor costo los frascos de insulina. «Pero, a veces no alcanza. Pido al Gobierno que sean gratuitos o que haya una rebaja», dice.






