42 de las 53 comparsas registradas para participar en la entrada andina del 7 de febrero, lunes de Carnaval, aceptaron participar ayer de la celebración postergada en señal de solidaridad con los damnificados de los deslizamientos de esos días.
«Ya habíamos enterrado al pepino, no lo estamos dejando descansar», bromea Juan Calderón, desde su asiento en la calle Bueno, mientras espera que la fiesta asome.
La gente tarda en acercarse a la ruta del baile. Las familias que habían reservado espacios en las aceras para alquilar sillas a los espectadores hablan de «rifar» los puestos.
«Temíamos que no viniese tanta gente como en años pasados y parece que teníamos razón», comenta Juana Huallpa, una señora que alquila sillas en todas las entradas en la avenida Mariscal Santa Cruz.
Bajo los letreros que anuncian la fiesta folklórica del «Carnaval Paceño», pasan lentamente las primeras comparsas: Algunos danzarines lo hacen caminando, mientras otros atinan a bailar de trecho en trecho, animándose con la aparición de una que otra cámara.
Han pasado las 13.00. La población va ocupando los asientos plásticos poco a poco. A diferencia del Jisk’a Anata de otros años, en el recorrido hay muy pocas graderías armadas. El baile empieza a fluir.
Históricamente, comenta Juan Carlos Tapia, presidente de la Asociación Andina de Conjuntos Folklóricos, el Jisk’a Anata («fiesta pequeña», en aymara; aunque Anata también significa «juego») está relacionado con la ritualidad agrícola: el comienzo de la cosecha de los primeros frutos en el altiplano.
Algunos de los conjuntos del interior del departamento de La Paz que faltaron a la entrada, lo hicieron precisamente por eso: la cosecha de papa los ocupa en este momento.
Desde las 14.00, las calles del centro de La Paz se van llenando del ritmo de llameradas, waca tocoris, sikuris, tarqueadas, morenadas, tinkus y las recientemente rescatadas estudiantinas del Carnaval de antaño. El mayor despliegue de energía se da ante los palcos ubicados frente al Obelisco. En uno están las autoridades ediles, las cholitas paceñas y las reinas de Antaño; en el otro, los invitados de Paceña.
De esta manera, el Jisk’a Anata postergado se concretó con música y baile andinos hasta horas de la noche. Ahora sí, el pepino puede descansar en paz… hasta el 2012.






