Esta vía se encuentra entre la embotelladora La Cascada, la envasadora de Café Moka y la parte trasera de una iglesia evangélica, cerca de la plaza Arandia. Nadie vive en ella, lo que facilita que los pandilleros la hayan convertido en su centro de reunión.
«En esta calle, los pandilleros beben, roban, pelean, es el baño de los borrachos y de paso no tiene ninguna iluminación», dijo Óscar Rodríguez, vecino de la calle Suapi (que es perpendicular a la «Cascadita»). En la vía de tierra y sin veredas no existe alumbrado público, salvo al finalizar la calle, donde puede verse un poste con iluminación colocado por la embotelladora La Cascada.
«Hemos pedido a la Subalcaldía Periférica cerrar esta calle, como puede verse no pasa un solo auto, sino muy eventualmente; además, queremos que se instalen luminarias, todavía seguimos esperando», manifestó Víctor Ascarrunz.
«Al menos que la cierren por las noches. Los rateros vienen aquí a desechar sus fechorías, cada mañana encontramos billeteras vacías, ropa. La gente asaltada se va caminando temprano en la mañana», relató otro vecino de la calle Suapi, Guillermo Yupanqui.
Según los vecinos, otro punto de reunión de delincuentes similar a la «Cascadita» es la calle 15 de Abril, a la altura de la plaza de Las Letras.






