La selva de la isla de Borneo es desde hace cuatro décadas el hogar de Biruté Galdikas y de la población de orangutanes que cada año mengua pese a su titánica lucha para proteger a los primates de la extinción.
Esta primatóloga canadiense está considerada una eminencia por sus condiscípulos y la más infatigable luchadora del equipo de zoólogos de Camp Leakey, el centro ubicado en el parque de Tanjung Puting en el que habitan algo más de 6.000 orangutanes.
«A no ser que muchas cosas cambien, los orangutanes están en gran peligro de desaparecer», lamenta la experta.
La única forma de adentrarse en la frondosa jungla que tapiza parte del parque es surcando el río en una de esas rudimentarias embarcaciones que van dejando atrás los manglares que crecen sobre estas aguas infestadas de cocodrilos y contra las que impactan ramas de árboles a medida que el cauce se estrecha.
Compromiso. En las más de 400.000 hectáreas de extensión que tiene Tanjung Puting, el rey de estas tierras comparte espacios con otro simio como el mono narigudo o el gibón, y otras especies, entre éstas la pantera nebulosa y el sambar u oso malayo.
El hombre del bosque (traducción literal de la palabra orangután en bahasa, lengua de la que proviene) es el único simio de Asia de gran tamaño, es relativamente inteligente, habilidoso con sus extremidades, de naturaleza solitaria, y sólo sobrevive en reductos de las islas de Borneo y Sumatra.
«Son amables, benevolentes y calmados», dice a EFE Galdikas, miembro del equipo que integraron las también primatólogas Dian Fossey y Jane Goodall, a quienes los habitantes llamaban cariñosamente «los ángeles de Leakey».
El paleontólogo Louis Leakey envió en 1971 a Galdikas a la provincia indonesia de Kalimantan para estudiar los hábitos y el comportamiento del orangután, y mandó a Fossey (asesinada en Ruanda en 1985) y Goodall a África con la misma misión.






