El termómetro marca 30 grados centígrados. A bordo de una canoa en el río Maniqui (Beni), el médico orureño René Morales no para de transpirar. El viaje apenas empezó y además deben lidiar con los mosquitos, pero lo vital es cuidar las dosis que llevan para vacunar a 1.600 indígenas.
En territorio de la etnia chimán, el galeno de las frías planicies de Oruro confiesa que lo que más le impactó fue cómo esas personas beben agua del río sin saber que pueden enfermar y morir. «Y el idioma, porque no hablan español, es difícil hacerse entender en las campañas de salud».
Morales forma parte del proyecto que ejecuta la organización Solidaridad Canaria junto a Gestión y Calidad en Salud de Usaid y el Servicio Departamental de Salud Beni, que cada cuatro meses realiza verdaderas travesías por lugares casi inaccesibles.
«La labor que hacen es realmente la de verdaderos misioneros, pero misiones del Siglo XXI en lugares donde parecería que el tiempo se detuvo en el siglo XVI y menos incluso», explica el médico Javier López, de Gestión y Calidad en Salud.
INACCESIBLE. A Misión Fátima, el cuartel general del equipo de salud que interviene en el río Maniqui, las noticias llegan una semana después. ¿Qué me dice?, ¿que murió Bin Laden?», fue la reacción del médico español José Rivera cuando supo la noticia la tarde del 5 de mayo, cuatro días después de la muerte del terrorista.
A ese lugar sólo se puede llegar mediante avioneta desde la capital beniana Trinidad. «Si uno tiene apendicitis o un parto complicado debe tener al menos unos mil bolivianos para tomar un vuelo hasta San Borja o se muere», se lamenta.
Rivera llegó a la zona hace ocho años como turista, pero decidió quedarse para ayudar a los chimanes. «Aquí yo recibo más de lo que doy y creo que no se puede permitir morir sufriendo. Ellos tienen derecho a vivir con dignidad, están sufriendo, porque no tienen otro remedio», afirma.
Los centros de salud están en San Borja, a unas ocho horas de Misión Fátima, por lo que el proyecto apuesta a formar promotores de salud y los indígenas son parte de este plan.
Tan olvidadas están estas regiones, que casi nadie tiene cédula de identidad. «¿Dónde está su carnet?, les decimos, y ellos responden que se les cayó al río. Y les volvemos a preguntar ¿cuál es el número?, y nos responden, ‘se cayó al río junto al carnet’», recrea la auxiliar Yesenia Roca.
El grupo, conformado por Rivera, Morales, el odontólogo chuquisaqueño Sergio Bejarano, la bioquímica Ingrid Montecinos y las auxiliares Milena Riveros y Roca, ingresa a la selva cada cuatro meses para llevar salud a fin de prevenir males mortales para la etnia. En algunos casos el esfuerzo puede ser inútil, pues el abrasador calor suele convertirse en enemigo al dañar los fármacos.
‘No puedo traer 270 condones’
Cuando el proyecto de salud habló de métodos anticonceptivos con los chimanes, el médico Rivera les preguntó cuántas veces al día tienen relaciones sexuales y el español casi cae de espaldas. «Nueve veces», le dijeron con las manos. «No puedo traer 270 condones por mes. Les daremos 12», respondió.
Una barra de jabón salva vidas en Emey
J.Q. – SAN BORJA (BENI)
En las comunidades chimanes que habitan a lo largo del río Maniqui, pocos conocían el jabón. Gracias a este artículo, la parasitosis, que causa la mortal diarrea, se redujo del 87% al 56%.
«El jabón y el agua potable son fundamentales. El Sedes (Servicio Departamental de Salud) del Beni, ahorraría mucho con sólo un boliviano o dos», afirma José Rivera, el médico español de Solidaridad Canaria que trabaja en esa zona beniana. Además de tomar agua del río, los gérmenes que pueden ser transmitidos mediante las manos pueden causar otras enfermedades de piel, por eso la importancia del jabón.
«Este artículo está en los botiquines que entregamos a las comunidades después que formamos a los promotores de salud», añade el médico Javier López, de la Gestión y Calidad en Salud de Usaid (la agencia de cooperación de Estados Unidos), que apoya esta iniciativa en la región.
BOTIQUÍN. Tito Cari (15) es uno de los promotores de salud chimán en la comunidad Emey y fue formado para atender las enfermedades más comunes del lugar. «Esto es una sal de rehidratación oral que frena la diarrea. Hay que prepararla en una jarra con agua hervida y después darle al paciente», enseña.
A él acuden los chimanes para pedir los medicamentos a cambio de un paño de jatata, huevos, gallinas u otros productos que tengan el valor del medicamento.
«Si un paracetamol cuesta un boliviano, aquí les damos a la mitad. Ellos deben hacer que esta botica sea autosostenible», recomienda Rivera. El botiquín, cuesta entre 800 y 1.000 dólares, tiene 70 medicamentos para curar sarnas, salmonelas, diarreas y otras enfermedades propias del lugar.






