En el siguiente decenio, «los precios de los productos agrícolas de base en términos reales deberían mantenerse a un nivel superior al de la década precedente», prevén la Agencia de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
Sus previsiones para el período 2011-2020 son «prudentemente optimistas», aseguran. Concretamente, el precio de cereales como el maíz y el trigo debería crecer más del 20%, lo que supone una subida del 2% año y hasta el 30% para la carne.
Este año, el precio del maíz superó los 300 dólares la tonelada, un récord. Según la FAO, la factura de importación de alimentos de los países pobres será del orden de 210.000 millones de dólares el 2011, frente a los 165.800 millones el 2010.
«La subida de precios agrava la pobreza y la inseguridad alimentaria» en los países en desarrollo, «donde viven 927 millones de personas con hambre», manifestó Jacques Diouf, director de la FAO. Pero la producción agrícola sólo va a subir 1,7% por año, frente al 2,6% la década pasada.
La mayoría de los cultivos se verá afectada, tanto oleaginosas como cereales, que enfrentan costos de producción altos y disminución de la productividad.
Esta situación se agravará, advierten las dos organizaciones, ya que la parte de los productos agrícolas que se va a consagrar a la producción de biocarburantes (etanol y biodiésel) va a seguir en aumento. El 2020, 13% de la producción mundial de cereales secundarios, 15% de la producción de aceites vegetales y 30% de la caña de azúcar irán a la obtención de biocarburos.
Para hacer frente a la volatilidad de precios y evitar nuevas crisis alimentarias, la FAO y la OCDE preconizan la transparencia sobre las reservas y más inversiones en los países menos desarrollados. Abogan por la puesta en marcha de reservas alimentarias de emergencia y «redes de seguridad social» para proteger a los consumidores.






