El mosquitero que Margarita Gómez usó para cubrir a su hija Solange no impidió que los mosquitos, en particular el Phlebotomus o k’echichi, picaran a la niña, quien —una vez más— debe seguir un tratamiento en el hospital de La Asunta para combatir la leishmaniasis o lepra blanca.
Es la segunda vez que Solange, de sólo un año y seis meses, sigue la medicación. Como la mayoría, Margarita colgaba a su pequeña, envuelta en un aguayo, de un árbol, mientras ella cosechaba coca en Coroiquillo.
«El bebé duerme tapado, pero al despertarse se destapa y ahí es cuando es más vulnerable a los mosquitos», explica la enfermera Georgina Apaza, de Gestión y Calidad en Salud que con ayuda de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) previene, trata y entrega medicamentos y mosquiteros a través de la Alcaldía, a quienes padecen este mal.
Al igual que Margarita, que vino del altiplano paceño, los migrantes son más frágiles a la espundia. «Los que vienen del altiplano para la cosecha (de coca) entran temporalmente al monte y son picados por los mosquitos», dice el director del hospital de La Asunta, Miguel Quispe Gómez.
El concejal de La Asunta, Ceferino Aruquipa, calcula que «al menos un 10 por ciento de toda la población tiene este mal. Unas 3.500 personas o algo más y eso es harto», dice la autoridad.
La médico Jéssica Quispe Mayer, del hospital de este municipio y que administró este programa, precisa que antes «teníamos de tres a cuatro infectados por mil, pero ahora subieron a nueve».
Quispe Gómez sostiene que las cifras se dispararon. «El 2007 tratamos de 30 a 40 pacientes, el 2010 a 249 y al momento (mayo de 2011) tenemos 136 pacientes que son tratados».
Gestión y Calidad en Salud entra en esta etapa con campañas de prevención, tratamiento y la entrega de medicamentos. «Hacemos una categorización, de tal manera que al final los medicamentos llegan a un costo reducido para los enfermos y hay casos en que se entregan gratuitamente», explica Quispe Mayer.
Una ampolla cuesta Bs 28 y cada enfermo necesita al menos 60 ampollas. Cuando la persona adquiere la leishmaniasis cutánea debe internarse 20 días y si es del tipo mucosa, que afecta a la nariz corriendo incluso el riesgo de perderla, 30 días. El programa facilita los fármacos.
La internación es vital. «Ahora un 90 por ciento de la capacidad del hospital atiende casos de leishmaniasis», precisa el director y ruega que no haya accidentes carreteros, porque estaría obligado a instalar nuevas camas en desmedro de quienes tienen espundia
Hay pobladores que caminan dos horas para seguir el tratamiento y otros, como Margarita, llegaron a comprar remedios caseros, en Bs 1.500, sin ningún resultado. Ante ese panorama, el director del hospital teme que el parásito del mosquito se haga cada vez más resistente al glucantime, el antibiótico que combate la espundia porque no hay vacuna.
LOS DATOS SOBRE LA ESPUNDIA
La leishmaniasis, lepra blanca, espundia o lepra del Tercer Mundo, se transmite por la picadura de las hembras del mosquito Phlebotomus (k’echichi).
El insecto de tres milímetros de tamaño es nocturno y vive a orillas del río, y en el monte.
El mal se manifiesta como úlceras que no duelen y no cicatrizan. Hay tres clases: cutánea (ataca la piel); mucosa (cartílagos y nariz) y visceral (que es letal), ésta no existe en Bolivia.






