El rico principado de Mónaco, que no se salvó de la crisis, espera que la boda «de cuento de hadas» de Alberto II y de Charlene Wittstock, el fin de semana , ayude a reactivar su decaída economía y a redorar su blasón e imagen.
El enclave de 35.000 habitantes espera recibir a 200.000 visitantes —tantos como para el Grand Premio de Fórmula 1— que afluirán a Mónaco atraídos por los festejos organizados para el enlace del príncipe de 53 años con la ex nadadora olímpica sudafricana, de 33.
Se prevé que la mayoría de los turistas y curiosos vengan de Francia y la vecina Italia.
Copas de champán en las tiendas, museos y estacionamientos gratis, e incluso ensayos sin corto en un vehículo de carrera, así como una «tarifa especial» (50 euros) para un vuelo en helicóptero figuran entre las ofertas para atraer a los turistas de todo el mundo.
«Ustedes también son invitados privilegiados» a la boda real, es uno de los lemas de la dirección de Turismo del principado, que enumera las propuestas que ha organizado para estos tres días de festejos nupciales, a los que están invitados los jefes de Estado de una veintena de países, miembros de 38 familias reales y cientos de celebridades.
«Mi objetivo es que (los visitantes) vengan lo antes posible» para las celebraciones, explicó el director de Turismo, Michel Bouquier, reconociendo que la actividad turística del principado ha sido afectada por la crisis financiera, que ha golpeado sobre todo el turismo de negocios.






