La madre escapaba con la menor el pasado 25 de junio, del ataque de un francotirador en la comunidad de Mayaya (Guanay). Capiona contó a La Razón, que ese día ambas regresaban a su casa, a las 7.00, después de haber trabajado en una chacra cuando fueron atacadas.
Las balas alcanzaron primero a Bernabé Morisaca un vecino que les acompañaba, quien murió al instante. Los otros proyectiles hirieron a la niña en la cabeza, el brazo izquierdo y la mano derecha. Capiona se dirigió al río para limpiar la sangre de las heridas de su niña, cuando recibió un balazo cerca del ojo izquierdo y se desmayó. «Después me levanté, salí a la carretera con mi hija y tomamos un taxi que nos llevó al hospital del pueblo, luego nos trasladaron a La Paz».
Beatriz Cañipa, médico del Materno-Infantil, indicó que cerca de las 00.00 del domingo 26, una ambulancia del hospital de Caranavi llegó con Rebecca y su madre al nosocomio. La progenitora fue conducida al Hospital General, pero no pudo operarse por falta de dinero. Aún tiene la bala en la cara, dijo y la inflamación le impide ver, contó ayer desde Guanay, a donde retornó. La niña, internada con muerte cerebral, fue enterrada en el Cementerio General, el miércoles. La madre cree que un vecino apodado Don Lata, es el autor.






