La vida se lo ha puesto difícil desde siempre, porque nació prematura y eso le ha acarreado importantes problemas de salud. Ahora, con un catéter insertado en la cabeza, está lejos de su familia y sin empleo.
Pero Joana no se queja, es optimista, animosa, vital. No tiene trabajo, pero está segura de que lo encontrará, aunque ve cómo «los meses pasan rápido» y el cobro del desempleo tiene fecha de caducidad.
«Ni me planteo qué pasará cuando se acabe. Encontraré algo antes de que pase eso», asegura con tanta seguridad que es imposible hacerle pensar en la posibilidad de que llegue ese momento. «No, es que algo saldrá antes», insiste.
Llegó a Castellón hace algo más de tres años por cuestiones de salud. Necesitaba una climatología más cálida que la de su Girona y la cadena de bingos en la que trabajaba le ofreció un puesto en Castellón. Pero en diciembre, una reducción la dejó desempleada.
Ahora está pendiente de una oferta en la que tiene puestas muchas expectativas para ocupar un puesto en una fundación de la ONCE destinada a discapacitados no visuales.
Su trabajo, en el caso de que supere todas las pruebas, será el de la venta de cupones, con un sueldo base y comisiones por las ventas. «La etiqueta de discapacitada te cierra muchas puertas, pero también te abre algunas», admite.





