Unas nubes de gas tan lejanas que pertenecen al universo primitivo intrigan a los científicos desde que se descubrieron, hace una década, incapaces de determinar el mecanismo que las hace resplandecer.
Unos astrónomos afirman ahora haber resuelto el misterio tras realizar unas observaciones, técnicamente difíciles, de LAB- 1, la más grande y brillante de estas nubes denominadas manchas Lyman-Alpha.
«Hemos demostrado por primera vez que el resplandor de este enigmático objeto se debe a la dispersión de la luz de galaxias brillantes escondidas en su interior, y no al brillo del gas de la misma nube», explica Mattew Hayes (Universidad de Tolouse, Francia).
Las manchas Lyman-Alpha son nubes gigantes de hidrógeno que alcanzan diámetros de unos cuantos centenares de miles de años luz (unas cuantas veces más que el tamaño de nuestra Vía Láctea) y que resplandecen como las galaxias más brillantes. Suelen estar tan lejos que emitieron la luz que llega ahora a los telescopios terrestres cuando el universo era muy joven.
La LAB-1 está a unos 11.500 millones de años luz, explican los expertos del Observatorio Europeo Austral (ESO), con cuyo conjunto de grandes telescopios VLT (en Chile) han hecho Hayles y sus colegas estas observaciones, que presentan en la revista Nature.
Un equipo de astrónomos descubrió las primeras manchas Lyman-Alpha el 2000, en el curso de una investigación acerca de la abundancia de galaxias en el universo primitivo.






