Para hallar el sustento terrenal, alimento, ropa y vivienda, cientos de obreros ascienden cada día para cumplir arriesgadas tareas. Al trepar por los vistosos edificios, desde donde se puede contemplar una ciudad magnífica, estos trabajadores deben mantener la mente en la tierra; soñar poco para no pisar en falso. Son como trapecistas a quienes les encargaron tareas que pocos desean cumplir.
Obreros de la construcción, encargados de la limpieza de ventanales, trabajadores municipales y técnicos electricistas juegan en serio a ser equilibristas, sin red y en muchos casos sin cascos para su protección.
El equipo de periodistas gráficos de La Razón quiso mostrar La Paz desde un ángulo menos sublime, más extremo. Las cámaras dispararon al cielo y capturaron las imágenes de una realidad de riesgos.






