Luis H., de 13 años, quemaba un montón de basura en Quillacollo, Cochabamba, cuando el envase de un producto rellenado a presión (aerosol) estalló, ocasionándole quemaduras de segundo y tercer grado en la pierna y el brazo izquierdo, el tórax y la cara.
El adolescente fue internado en el Pabellón Quemados del hospital Viedma, ayer le dieron el alta médica porque no cuenta con seguro y su familia carece de recursos económicos para pagar las cuentas del nosocomio.
“Está sano en 80%, pero en ese 20% que falta requiere injertos, especialmente en el brazo izquierdo y el tórax”, informó Óscar Romero, director del pabellón. Luis H. llegó al centro de salud el domingo con quemaduras de segundo (dolor, enrojecimiento, inflamación y ampollas) y tercer grado (daño de los tejidos profundos), y hasta ayer la cuenta hospitalaria ascendía a Bs 3.000.
“Para que no pague más le estoy dando de alta, se requieren injertos y la mamá no tiene recursos. Yo voy a ayudar a pagar y, después, ambulatoriamente (no requiere hospitalización) lo voy a tratar para que cueste menos. La atención ambulatoria y cirugías demandarán al menos unos Bs 4.000, por lo que Luis precisa unos Bs 7.000.
Según estadísticas del hospital Viedma, en promedio ocho menores llegan a diario al Pabellón Quemados. La mayoría son niños de uno o dos años que se quemaron con sopa o agua caliente. “Se entraron a la olla”, refieren los padres, dijo Romero, quien pidió a los progenitores tener más cuidado con sus hijos.






