Mañana, Escape, el suplemento dominical de La Razón, incluirá en su edición una entrevista al inventor Thomas Alva Edison, quien cambió el curso de la historia con sus creaciones. “Eso es lo que a mí me interesa: fábricas inmensas que funcionan día y noche, la lucha del hombre contra el metal”. Esta es una de las frases que el inventor estadounidense le dijo al periodista Robert H. Sherard durante la entrevista-almuerzo que compartieron en el restaurante de la Torre Eiffel, en la Exposición Universal de París de 1889.
El material fruto de aquel encuentro es parte de la serie Grandes Entrevistas que cada domingo le ofrece La Razón. Sherard consiguió sumergirse en el mundo de Edison, el genio que durante su estancia parisina estuvo rodeado por una corte integrada en igual proporción por admiradores y aduladores. Motivos no faltaban porque en una década este hombre práctico y obsesionado por el trabajo había cambiado la vida de las personas gracias al micrófono de carbono (1877), el fonógrafo (1878) y la válvula eléctrica (1883).
¿Lucro? Para muchos, la vertiginosa productividad de Edison entrañaba una faceta oscura, pues consideraban que se trataba más de un empresario que de un hombre de ciencia, de hecho algunos señalaban su falta de escrúpulos para “inspirarse” en invenciones de otros. Sherard muestra algo de ello en la entrevista, en particular esa preocupación constante de Edison por hacer dinero; sin embargo, no duda en plasmar que está ante uno de los grandes revolucionarios de la vida. Sobre la posible invención de una máquina que se adaptara a la cabeza y registrara los pensamientos, ahorrándonos la tarea de hablar y escribir, el genio le dijo a un sorprendido periodista: “Una máquina así es posible, pero piense lo que ocurriría si alguien la inventara. Todo ser humano huiría de su prójimo, saldría corriendo en busca de algún refugio”.
Junto a la edición de La Razón, Escape también le trae la serie Grandes Fotos y el crítico humor de Quino.






