Construido en 1831, el Cementerio General de la urbe paceña quedó listo para recibir entre hoy y mañana a unas 150.000 personas por la fiesta de Todos Santos que se festeja en todo el país.
La fachada ha sido pintada, las áreas verdes arregladas, la arboleda podada, hay nueva señalética, las áreas externas de la avenida Entre Ríos han sido mejoradas, y las nueve puertas de ingreso y salida fueron reparadas.
“Hemos invertido entre Bs 60.000 y 80.000 en el embellecimiento y durante estos días tendremos el apoyo de la Guardia Municipal, Policía y la Secretaría Municipal de Salud que dispondrá de dos ambulancias”, indicó ayer Juan Carlos Parra, administrador del Cementerio General. Los dos vehículos de atención primaria en salud estarán en las avenidas Baptista y Entre Ríos.
La tradición dice que hoy al mediodía llegarán las almas de los difuntos, unos los recibirán en casa con una mesa armada, pero una gran parte empezará a visitarlos en la necrópolis paceña.
En el cementerio, entre sepulturas temporales y perpetuas, hay 150.000 nichos y se espera que un número similar visiten el sitio entre hoy 1 de noviembre y mañana 2 de noviembre. “Estará prohibida la circulación y consumo de bebidas alcohólicas y que se instalen en los campos verdes”, dijo Parra.
La guardia edil dispondrá de 120 efectivos y la Policía enviará otros 300, además habrá altavoces para orientar a la gente. El Cementerio General tiene un circuito de 47 cámaras de seguridad que velarán por la protección. El sitio abrirá hoy y mañana desde las 08.00.
Panaderos durmieron estos días pocas horas
Jorge Quispe
Miguel Quispe es panadero diez de los 39 años que tiene y esta semana casi no durmió, por el trabajo que tuvo al hacer 50 quintales de panes, escaleras, t’antawawas, galletas y empanadas por la fiesta de Todos Santos en el horno Doña Juana.
“Esta semana hemos hecho 50 quintales, ahora ha bajado a diez quintales, pero anoche (madrugada del sábado) no dormimos”, contó Quispe. Ayer, el trajín en las panaderías era todavía febril, aunque el ritmo había bajado ostensiblemente.
En este horno, ubicado en la zona de Alto Tejar, Quispe y Freddy López, el otro maestro, trabajaron toda la semana y durmieron un promedio de tres horas. “Todos hacen t’antawawas para armar las mesitas”, refirió Quispe que por una arroba de harina cobró Bs 100.






