Un niño se acerca a la joven que acaba de sufrir el robo de su celular y le dice: “Se fueron por allá”. Ella cae en el engaño, sigue una ruta que la aleja del delincuente. Desviar la atención es uno de los roles de los niños que son usados por delincuentes.
Entre el 8 y 12 de septiembre de este año, dos robos se cometieron en la ciudad de La Paz en los que los antisociales utilizaron a niños para sustraer Bs 56.000, en un caso, y ocho teléfonos celulares y billeteras, en el otro.
“Últimamente, los delincuentes están empleando incluso a sus propios hijos y hasta lactantes para cometer delitos”, afirma el mayor Juan José Millán, jefe de la División de Propiedades de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC) de La Paz.
Millán explica que los niños son usados para tres fines: camuflarse, distraer la atención de la víctima y desviar la persecución. “Los niños generan confianza en las víctimas, no levantan sospechas, como una madre que está dando de lactar a su bebé y avisa a la víctima que los ladrones escaparon por x dirección, desviando así la persecución”.
El sábado 8 de septiembre, un niño de ocho años, arrojó a la salida del mercado de la coca de Villa Fátima unos pequeños juguetes a una comerciante de la hoja que llevaba en su bolsa Bs 56.000. Ella se agachó para levantarlos y devolvérselos al infante, segundos que fueron aprovechados por Milenka G. Q., quien le hurtó el dinero.
Ese nuevo modus operandi fue bautizado por la fuerza anticrimen como “El juguetazo”. El niño desapareció tras el robo.
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