La zona Central de la ciudad de La Paz es el territorio de lanceros, descuidistas y jaladores; cerca de las terminales terrestres actúan los “falsos policías”, cuyo blanco son los turistas, y los cuentistas merodean por las entidades bancarias.
El director de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC) de La Paz, coronel Sergio Bustillos, dice que aseverar que cada grupo delincuencial tiene un territorio es “un poco aventurado”; sin embargo, admite que algunos grupos operan preferentemente en ciertas zonas de la urbe.
Las villas Copacabana, Armonía, San Antonio y Fátima; las avenidas Arce, 6 de Agosto y Camacho; la calle Manuel Granier; la zona del Gran Poder; el Cementerio y la avenida Buenos Aires y ahora el Macrodistrito Sur tienen el mayor índice delictivo.
Solo los monreros, que ingresan con violencia a cometer robos en las casas, no tienen territorio.
El director de la División Propiedades de la FELCC, mayor Freddy Huallpara, revela que a principios de abril desarticularon una blanda de jaladores —eran tres— que arrebataban carteras, celulares y mochilas a los transeúntes desde un vehículo.
“Creemos que hicieron más de 10 robos en el último tiempo, operaban en las villas Copacabana, San Antonio y Armonía”. Esas tres villas son el área de los denominados jaladores.
Los ladrones que tienen esta “especialidad” delinquen en avenidas y calles poco concurridas, con el fin de huir en sus vehículos; sus “objetivos” son preferentemente mujeres de 40 años en adelante “que no pueden ofrecer resistencia”, dice Huallpara.
Las avenidas 6 de Agosto, Arce, (San Jorge), Camacho y la calle Murillo, del casco central, son el espacio donde operan los lanceros, personas que roban billeteras y bolsos de mujeres cortando ya sea ropa o la bolsa en centros de aglomeración o en micros o minibuses o taxis. Ese es el segundo sector territorial. Allí también actúan los descuidistas, que distraen a sus víctimas para despojarle de sus pertenencias.
En el centro delinquen también los ladrones de celulares, que arrebatan estos aparatos al vuelo a pasajeros de minibuses y desde fuera de estos motorizados.
“Estos maleantes estudian la conducta de sus víctimas, observan que a las que están atentas a su celular, luego abren puertas o ventanas del vehículo de transporte público y arrebatan los equipos”; la mayor parte de las víctimas son adolescentes.
Los delincuentes dirigen su atención a los grupos vulnerables. Ese es el caso de las personas de la tercera edad, que son el blanco de los cuentistas, estafadores que merodean cerca de las entidades bancarias, sobre todo en el centro, donde son los primeros en cobrar sus rentas de jubilación.
“Se acercan simulando algún negocio y les ofrecen a cambio de dinero intereses altos induciendo el error, lo que es una estafa”.
Si eso sucede en el centro, en sectores como la calle Manuel Granier y la zona del Gran Poder, tercer y cuarto espacio, dominan los t’ipidores y cumbreros, que operan cerca y dentro de locales.
Los primeros jalan los aretes de oro de las orejas de las mujeres y se dedican, en general, a robar los pendientes; los segundos arrebatan sombreros en particular a las mujeres de pollera.
Los “falsos policías” actúan en las terminales terrestres de Villa Fátima y la zona del Cementerio, donde ingresan, y en inmediaciones de la Terminal de Buses de La Paz. “Los delincuentes están a la espera de que arribe gente del interior e incluso turistas para engañarlos en complicidad de ‘falsos taxistas’”, describe Bustillos.
El sexto espacio es la avenida Buenos Aires y arterias secundarias con poca iluminación, donde operan los atracadores debido al movimiento económico.
Las pildoritas —mujeres que narcotizan a sus víctimas para desvalijarlas— que solían actuar en discotecas, restaurantes, peñas y lenocinios del centro, se trasladaron a establecimientos de diversión de barrios residenciales del Macrodistrito Sur, dice Bustillos. Otra innovación son los pildoritos, jóvenes que engañan, dopan y desvalijan a mujeres en sus propios domicilios.
Quienes no tienen territorio son los monreros, los asaltantes de casas, que estudian a su blanco y luego ingresan a la vivienda para robar. “De los monreros, ninguna zona se salva”, indica Bustillos. En abril, Los Causas de Miraflores, una banda de peruanos, fue desarticulada tras cometer tres asaltos. (13/05/2019)






