El viaje a Granada que nunca hicimos
“Yaba Alberto”
I
El viaje que tú y yo nunca hicimos
me ha sido dado este enero.
Oyeme pues, yaba Alberto,
entrar por fin en Granada
más que dichoso, perplejo
de ver cómo el destino
ata y desata
partidas y llegadas
adioses y regresos.
Pero ven tú conmigo; desanda
el oscuro silencio que nos separa,
que cinco años de muerto
tampoco es tan lejos, yaba.
Ven conmigo
al menos en estas palabras
que de un peregrino son errante,
y cumple tu deseo.
II
Contempla
—no con tus ojos ya llenos de tierra
sino a través de los míos—
la Sierra Nevada,
el río Genil,
la luz dormida en torres y terrazas.
Por las márgenes del Darro,
camino al Albayzín
vamos, paso a paso,
yaba, nombrando:
El puente del Cadí,
la Torre de Comares,
el Baño del Nogal (Hamman al-Yawza)
y en la memoria los versos
de Abu Yafar Ibn Saíd:
Un baño es más dulce
que la cosecha del éxito.
Poco más adelante,
en la Cuesta del Chapiz
siente el oleaje
de aromas
que envían los cármenes
de pinos y cipreses.
Siguiendo el rumor que crece
aquí la plaza Aliatar:
gozo de hombres y mujeres,
copas de vino y cerveza,
y exordios de una visión:
berenjenas,
gambas,
almejas…
¡Anímate, yaba,
que saben a resurrección!
Y escucha, escucha esa voz
que hiere como saeta.
¿No es andina la queja que cuenta?
Anota, yaba, anota
al pie de la letra:
Como guitarra sin cuerdas
se va quedando la Unión;
unos que mata la mina,
otros que se lleva Dios.
Y ahora ¡de prisa, yaba, de prisa!
que el tiempo que ni vuelve ni tropieza
se lleva la luz de este día
y la sombra trepa las rejas.
De prisa, por la calle del Agua
a la Puerta Ziyada
y luego al Mirador,
y alza los halcones de tus cejas
que allí está
¡Allah Akbar!
¡Allí!
yaba,
por lo que tú más querías
¡dime si la divisas!
—¡Altas son y relucían!
III
Pero cae la tarde y ya suenan
campanas cristianas.
Fragua celeste, pasa la luna
sobre la Cruz de la rauda.
Ya este poema-reencuentro se acaba.
recógete, yaba, a tu sueño de tierra
en el valle de Cochabamba,
mientras siento el martirio
de tu sangre que corre
en Gaza y Cisjordania,
y en el silencioso adiós ya se pone
por última vez Granada.






