“Esperanza” es la cosa con plumas
“Esperanza” es la cosa con plumas –
Que se posa en el alma –
Y canta la melodía sin las palabras –
Y no cesa – jamás –
Y dulcísima – en la Galerna – se oye –
Y severa ha de ser la tormenta –
Capaz de abatir al Pajarillo
Que a tanta gente dio calor –
La he oído en la tierra más fría –
Y en el Mar más desconocido –
Sin embargo – nunca – en Apuros,
Me – ha pedido una miga.
Morir – lleva sólo un ratito –
Morir – lleva sólo un ratito –
Dicen que no duele –
Sólo es más tenue – gradualmente –
Y entonces – ha desaparecido de la vista –
Una Cinta más oscura – por un Día –
Una Gasa en el Sombrero –
Y luego viene la bonita luz del sol –
Y nos ayuda a olvidar –
A la ausente – mística – criatura –
Que salvo por amor nuestro –
Se habría dormido – esa vez la más cabal –
Sin la fatiga –
Si yo estoy perdida – ahora –
Si yo estoy perdida – ahora –
Que me había encontrado –
Seguirá siendo mi transporte –
Que una vez – sobre mí – esas Puertas de Jaspe
Se abrieron resplandecientes – de pronto –
Que en mi torpe – cara – contemplativa –
Los Ángeles – escrutaron callandito –
Y me tocaron con sus vellones,
Casi como si les importara –
Estoy proscrita – ahora – tú lo sabes –
Lo ajeno que eso puede ser –
Tú lo sabrás – Señor – cuando la cara de la Salvadora
Se vuelva así – de lejos de ti –
ella barre con escobas multicolores
Ella barre con Escobas multicolores –
Y deja atrás los añicos –
Oh Ama de casa en el Oeste por la Tarde –
Vuelve – y desempolva el Estanque –
Tú echaste en él una Hilacha Púrpura –
Tú echaste un hilo Ámbar –
Y ahora Tú has esparcido por todo el Este
Paños de Esmeralda –
Y aun así ella se aplica en Su industria moteada
Y aun así la escena prevalece
Hasta que la Penumbra obstruye la Diligencia –
O la Contemplación fracasa.
de bronce – y llamarada –
De Bronce – y Llamarada –
El Norte – esta noche –
Tan adecuado – se conforma –
Tan preconcertado consigo mismo –
Tan distante – a las alarmas –
Una Indiferencia tan soberana
Hacia el Universo, o hacia mí –
Infecta mi espíritu simple
Con Tachas de Majestad –
Hasta que yo adopto actitudes más vastas –
Y me pavoneo en mi tallo –
Desdeñando Hombres, y Oxígeno,
Para su Arrogancia –
Mis Esplendores, son Casa de Fieras –
Pero su Espectáculo que no Compite
Entretendrá a los Siglos
Cuando yo, sea hace tiempo,
Una Isla en Hierba deshonrada –
A quien nadie más que las Margaritas, conoce –
Hay una cierta inclinación de luz
Hay una cierta Inclinación de luz,
Las Tardes de Invierno –
Que oprime, como el Peso
De Melodías Catedralicias –
Celestial Herida, nos produce –
No podemos encontrar cicatriz,
Sino diferencia interna –
Donde los Significados, están –
Nadie puede enseñarla – Nadie –
Es el sello Desesperación –
Una aflicción imperial
Que nos es enviada del Aire –
Cuando llega, el Paisaje escucha –
Las Sombras – contienen la respiración –
Cuando se va, es como la Distancia
En la mirada de Muerte –
arder en oro
¡Arder en Oro – y
Enfriar – en Púrpura!
¡Brincar – como Leopardas al cielo –
Luego – a los pies del viejo Horizonte –
Acostar su cara moteada – para morir!
Caer tan bajo como la ventana de la cocina –
Tocar el Tejado –
Y teñir el Granero –
Besarle la Capota al Prado –
¡Y el Malabarista del Día – se ha ido!
Poemas de la solitaria de Amherst
Paraíso
Es fama que Emily Dickinson (casi) nunca salió de Amherst, el pueblo de Massachusetts donde nació en 1830 y murió en 1886. Nació, murió y escribió los 1.600 breves poemas que componen su obra. Acaba de aparecer una edición bilingüe de estos poemas (casi mil páginas) con traducciones Ana Mañeru Méndez y María-Milagros Rivera (Madrid, Sabina, 2013). La señorita Emily sigue deslumbrando: la culpa la tiene el Paraíso.






