Con el libro ‘El arte de la fuga’, Vadik Barrón (1976) ganó en Premio Nacional de Poesía ‘Yolanda Bedregal’ 2013; estos textos forman parte de la obra galardonada
Las ventanas secretas
las ventanas secretas
duermen en la sien,
en la humedad que nos ronda después de un duchazo,
en los espacios móviles entre los dedos de la mano.
todo ojo merece llamarse la puerta del sol.
las ventanas secretas, amigo mío,
nos salvarán de este mundo farsante.
conserva la música salvaje
el latido improvisado
el amor bajo las pieles.
hay que tener a mano una escafandra
un teletransportador
un dispositivo de fuga
y arrepentirse a última hora.
decidir: aquí me quedo,
y abrazarnos bajo las frazadas
y que el big bang truene si quiere.
Plaza
…una diablada a la deriva
Edwin Guzmán
¿Qué es eso que late, en la plaza vacía?
Elvira Espejo
eso pequeño que late en la plaza vacía, elvira,
es el ojo muerto del sol.
antes era redondo como un limón
y ahora no es más que una anfetamina a medio tragar.
eso pequeño que pulsa
como una música plegable que disemina insectos sobre la partitura
es la tristeza de todos los ojos
de todas las madres
de todos los pueblos.
esa oquedad palpable
ese melanoma en el aire
es el punto final que escribe pacientemente el fin del mundo:
un infierno de millones de voces unísonas,
una jocunda comparsa de almas perdidas.
Confesión y poema gato
poco y nada sé de la vida,
de su álgebra y entuertos.
me entretienen, fascinan, confunden
los sofismas de aire,
la mujer del prójimo,
los poemas gato.
con poema gato quiero decir esas entidades de palabras con la cola alargada
que se escurren entre los muebles, dejan pelo por toda la casa
y reinan en los tejados.
poemas que hacen público su celo,
que son traicioneros y melosos a la vez,
que son dignos y crueles,
cancheros, autónomos y sexys.
los poemas gato habitan los intersticios
del bien y del mal,
del ají y el azúcar
y dialogan con la oscuridad
desde dos estrellas radiantes que escanean los misterios.
poco y nada sé de la vida,
vivo en una casa que se enfrenta a un patio donde el otoño es perpetuo.
en una ciudad cuyo único río la envuelve como una serpiente.
en un continente incontinente, en un geriátrico a cielo abierto.
qué se yo del mundo, de las agudas finanzas, de las ideologías oportunas.
desde esta ventana ruego todos los días
que aparezca un poema gato, uno solo.
mientras, me hago viejo.
afuera caen las hojas —puede que sean pájaros—
que presagian lluvia, puede que sea nieve.
poco y nada sé de la vida,
pero aquí me tienen
con el corazón entre las manos p’aspas
y los ojos bien abiertos al sol criminal de la esperanza.






