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Escuchar con los nervios

Édgar Alandia es autor de una extensa obra musical escrita en su mayor parte en Italia, donde reside hace 35 años

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Por Rubén Vargas - periodista
/ noviembre 2, 2014
en Tendencias

La música no comunica emociones. La música, más bien, provoca emociones. El compositor boliviano Édgar Alandia (Oruro, 1950) confiesa que estas ideas sobre la música están más cerca de la neurología que de la crítica musical, y a ellas se adscribe. Le interesa, por ello, la física del sonido y sus efectos en el oyente. Le interesa, también, el lenguaje musical entendido como un juego, es decir, como una serie de reglas o convenciones que comparten el compositor y el oyente. Y las relaciones entre los sonidos. Esas relaciones —dice— son, quizás, lo único que verdaderamente “comunica” la música.

Alandia vive y trabaja en Italia desde hace 35 años. Allí se formó en el Conservatorio de Música Santa Cecilia de Roma. En ese conservatorio, entre otros, también enseñó composición. Y actualmente lo hace en el Conservatorio Nacional de Música de Perugia. Y en Italia también escribió la mayor parte de su extensa y variada obra: piezas para orquesta, para diversos ensambles de cámara, para coro, para instrumentos solos.
Vino a Bolivia, entre otras cosas, con motivo de la segunda versión del Premio Nacional de Composición “Orlando Alandia Pantoja” creado por él y su familia en 2012 para honrar la memoria de su padre.

La convocatoria a la segunda edición del premio fue para obras para orquesta de cámara y solista (violín, piano o quena). El jurado —integrado por Alberto Villalpando, Javier Parrado y el propio Alandia— otorgó el premio —dotado con Bs 12.000 y el estreno de la obra por la Orquesta Sinfónica Nacional en su próxima temporada— a Miguel Llanque Montaño (1981) por Cuatro piezas para quena y orquesta de cámara. Gabriel Revollo Thenier recibió una mención honrosa por Tema y variaciones.

En la primera versión del certamen, en 2012, el ganador fue Julio César Cabezas por Equisonancias, escrita para orquesta sinfónica. La pieza fue estrenada por la Orquesta Sinfónica Nacional bajo la dirección de Willy Pozadas.

“Hemos creado el Premio —dice Alandia— con la esperanza de que sea una oportunidad para los compositores”. “He tenido la suerte de crecer en un hogar de artistas —continúa refiriéndose al nombre que lleva el concurso, el de su padre—. He crecido con la música”. Y ese “hogar de artistas” se refiere también a Miguel Alandia Pantoja —el célebre muralista de quien este año se recordó el centenario de su nacimiento— y a Óscar Pantoja, uno de los máximos exponentes de la pintura abstracta en Bolivia.

Los colores de las obras de esos pintores, y los del altiplano de Oruro donde pasó su niñez y su adolescencia, permanecieron grabados en la memoria de Alandia. Y acabaron —lo reconoce el compositor— alimentando su creación musical.

“De alguna manera, los críticos europeos encuentran que esa música no suena como la música europea —dice—, pero debo decir que tampoco suena como la música andina”. Y es que para Alandia, la creación es una acción individual. “Cuando me topo con el problema de la identidad, —dice— siempre acabo pensando que es una cuestión individual. No creo que sea colectiva, quizás se hace colectiva cuando se hace consciente, y se la comparte con los demás”.

Alandia habla pausadamente y en voz muy baja, como restándole deliberadamente importancia a las ideas, como quitándole gravedad a las palabras. Pero otra cosa es cuando se escucha, por ejemplo, A wolf  in my living room, su pieza para contrabajo solo compuesta en 1989. Cuando Daniele Rocceto —su intérprete— ataca, queda claro que el ataque no es solo un asunto musical.

Ahora está componiendo una obra para ocho contrabajos. En muchos de los títulos de sus obras no evita las reminiscencias al espacio andino: Khana (para violín, clarinete, cello y piano), Kjimsa (para flauta, viola y guitarra), Thaya (para soprano, flauta y percusión) o Phucuy (para clarinete solo).
Y en otras, se deja robar sin oponer resistencia por la poesía: …se me ha perdido ayer el canto de las estrellas; como una luz de invierno a mi lado; …ibas por los montes mientras yo dormía; …impalpables, los cantos del alma…. “Abro los libros de Jaime Saenz —dice como desviando el asunto— y de ahí salen algunos títulos de mis obras”.

Y del poeta paceño, Alandia recordó en una conferencia que dio en México, lo que alguna vez le dijo sobre la cultura. “Cultura no es entender, es más bien comprender, que no es lo mismo. La comprensión implica la vivencia de una experiencia y esa vivencia constituye un fragmento, una célula más que forma la cultura de las personas”.

“Si uno piensa bien —abunda en el tema—, son las experiencias de nuestra vida las que forman nuestra cultura, y al cuestionar o compartir estas experiencias con otras personas se forma una conciencia colectiva, una cultura compartida, los trazos culturales de una sociedad y hasta de una sociedad.”  
El martes 4 y el jueves 6 de noviembre, a las 19.00, Alandia ofrecerá dos charlas en Casataller (calle General Lanza y Harrington). La primera sobre su obra y sus técnicas de composición. La segunda, titula Audiciones analíticas, una manera diferente de escuchar. “Es un enfoque menos dogmático sobre la música, menos pedante. Se trata de borrar toda esa retórica que hay en torno a la música. No es un misterio”.

“La música —complementa el compositor— es un vehículo entre el pensamiento y la expresión del pensamiento. La obra es la cristalización. El público no tiene por qué saber los detalles del lenguaje, el músico, sí. Después, el oyente hilvana su versión de esa música, lo hace con su sensibilidad y con sus nervios”.

“¿Hasta cuándo vamos a llamar música contemporánea a la música contemporánea?” Alandia recibe la pregunta con una sonrisa. “La música contemporánea es una camiseta”, responde.  Y luego explica que ya no hay necesidad de crear etiquetas. Que no hay necesidad de “sectorializar”. “Por ese camino, lo que pasa en pequeño con la música, pasa en grande con los ayllus”.

Escucha todo tipo de música y no tiene problemas. “Lo único que rechazo —dice para despedirse— es lo post y lo neo. Las composiciones posmodernas son como ir a Disneylandia: caminas y te encuentras con el pato Donald. Una maravilla”.

Charlas de alandia en  casataller

El martes 4, a las 19.00, el compositor boliviano hablará sobre su obra y sobre sus técnicas de composición en Casataller (c. General Lanza y Harrington).

El jueves 6, también a las 19.00, Alandia conducirá lo que denomina “Audiciones analíticas”, una nueva manera de escuchar la música.

Alandia es profesor de composición en el Conservatorio de Perugia, Italia.

en tendencia: escucharnervios

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