viernes 12, junio 2026
ANÚNCIATE
SUSCRÍBETE
HEMEROTECA
No Result
Ver todos los resultados
La Razón
Logo Escape Logo Marcas Logo Animal Político Logo Energías y Negocios
  • Portada
  • Opinión
  • Secciones
    • Economía y Empresa
    • Nacional
    • Mundo
    • Ciudades
    • Sociedad
    • Espacio Empresarial
    • La Revista
  • Nuestros Productos
    • Marcas
    • Energías y Negocios
    • Escape
    • Animal Político
    • Extra
  • La Razón PLUS
  • Contacto
La Razón
  • Portada
  • Opinión
  • Secciones
    • Economía y Empresa
    • Nacional
    • Mundo
    • Ciudades
    • Sociedad
    • Espacio Empresarial
    • La Revista
  • Nuestros Productos
    • Marcas
    • Energías y Negocios
    • Escape
    • Animal Político
    • Extra
  • La Razón PLUS
  • Contacto
No Result
Ver todos los resultados
La Razón
No Result
Ver todos los resultados

Permisos solicitados por Alfredo Bryce

En dos volúmenes, el escritor peruano desgranó sus memorias —o antimemorias— desde los remotos años 60 cuando llegó a París por primera vez

Compartir en FacebookCompartir en TwitterCompartir en WhatsappCompartir en
Por Heberto Arduz Ruiz - escritor
/ febrero 22, 2015
en Tendencias

Siguiendo la línea marcada por André Malraux con sus celebradas Antimemorias, el escritor peruano Alfredo Bryce Echenique dio a la estampa  Permiso para vivir (1993) y Permiso para sentir (2005), con el subtítulo de Antimemorias. En la nota inicial escrita en el primer volumen, el autor expresa: “Yo solo me propongo narrar hechos, personas, lugares, que le dieron luz a mi vida, antes de apagarla después”.

Bryce al promediar los años 60 del siglo pasado viajó a Europa, dedicándose a la docencia universitaria y a forjar su carrera literaria, que se inició en Perugia, Italia, con la publicación de su primer libro de cuentos: Huerto cerrado (1968). Residió en varios países del viejo continente hasta 1999. En estas antimemorias evoca aquellos años de febril actividad, de viaje y conocimiento de otras realidades diferentes a la de su país natal, al que periódicamente retornaba, describe las experiencias de su vida personal, los entornos en que asomó su figura, las relaciones que lo llevaron a visitar Cuba por largas temporadas, cuando, como señala, tras la muerte del Che Guevara, “no hubo manera de evitar que París se convirtiera en la ciudad con mayor número de guerrilleros de café y conjuntos folklóricos latinoamericanos por metro cuadrado del mundo”.

Bryce como intelectual se aproximó a La Habana mediante los concursos convocados por Casa de las Américas en los que proliferaban reuniones saturadas de langosta y ron a las que los hermanos Castro eran infaltables. En esas reuniones, ya avanzada la hora, cuando el grupo se disponía a retirarse para descansar, Fidel —víctima de insomnio— no acababa su monólogo sino hasta las seis de la mañana.

A medida en que se desarrolla la primera parte de las antimemorias, el lector va sintiendo cierta repulsa de Bryce hacia las actividades que cumplió en Cuba, isla en la que convergieron escritores de tendencia izquierdista, capitaneados por el premio Nobel Gabriel García Márquez. Sobre éste, Bryce comenta que vivía en Cuba porque allí se le dejaba vivir, trabajar y tomar decisiones en paz. De modo concluyente afirma: “Si había alguien que criticaba a Cuba, pero dentro de Cuba, y a Fidel, pero cara a cara a Fidel, era Gabo”. Por lo demás, Bryce expresa que el hecho de ser invitado a La Habana había que tomarlo como un todo vale en “una revolución con pachanga y cha-cha-chá”, que “en Cuba todo el mundo oculta siempre muchas cosas” y que “había mil cosas que los visitantes jamás veíamos”. Y respecto a deficiencias registra: “No hay nada peor que los servicios en un país en el que nadie trabaja más de cuatro o cinco horas al día y existe una Ley de la Vagancia”. Para cerrar estos comentarios que abarcan muchas páginas, Bryce asevera con honestidad que casi ya no quedaban escritores e intelectuales que no hubiesen tomado distancia con la revolución cubana. Él pareciera haberlo hecho así, porque más adelante todo es silencio sobre el particular.

Más allá de las confesiones de haber vivido, al estilo Neruda, y de haber bebido, a su manera, Bryce, escritor enamorado de París, con esa gracia ocasional que luce en su prosa, refiere que un tío suyo en el Perú no cesaba de repetir: “Dios mío, ¡por qué no vendemos este país tan grande que tenemos y nos compramos un país chiquito cerca de París!”. Y a Manuel Prado Ugarteche, dos veces presidente del Perú, le atribuye el siguiente comentario: “Lo único de malo de ser presidente del Perú es tener que dejar París”. A título personal concluye que “París es Proust. París es maravilloso. París es una fiesta del alma”.  

En el segundo volumen de sus antimemorias, titulado Permiso para sentir, Bryce reitera varias cosas. Reitera, por ejemplo, que desde niño cuando jugaba fútbol solía jugar medio tiempo con un equipo y medio con el otro; es decir sudaba la camiseta por los equipos rivales y nunca sabía de triunfos ni de derrotas. El resultado, ¡era lo de menos!  Ojalá no le hubiese pasado esto jamás en materia política. También vuelve sobre la confusión de haber preparado una tesis acerca de Montherlant en lugar de Maeterlink. ¡Vaya confusión! ¿Es para recordar continuamente semejante equívoco? Mario Vargas Llosa ya le había dicho que Montherlant era “cavernario” en sus ideas políticas, en tanto Maeterlink poética y literariamente —bien lo sabemos— es incomparable.

Asimismo Bryce retoma aquello de que su progenitor se oponía a que siguiera la carrera de literatura y que por ello también estudió Derecho. Ya lo supimos en el primer volumen. De igual modo se ocupa nuevamente del robo que sufrió cuando llegó por primera vez a París, entre las cosas que le robaron se encontraban varios cuentos. ¡Qué pena, penita pena! Por sus reiteraciones de mal gusto. Según afirma Augusto Monterroso, citado por el propio Bryce, “todo escritor anhela ser original o cuando menos no repetirse mucho”.

En el segundo libro, así como en el anterior, habla de su afición por los copetines y las tertulias. Nada o poco sería eso, sino que califica de “gringo borrachoso” a un autor cuyos trabajos le sirvieron para elaborar una tesis de licenciatura, Ernest Hemingway. Lo cierto es que a medida que pasamos las hojas, al propio Bryce se le sigue sintiendo el tufo a ron y vodka. ¡Que tire la primera piedra, digo la primera botella vacía!

 Pero aún hay otro aspecto más chocante. A título de revolucionario y  antiburgués relata que durante su estancia en París hurtó en un supermercado bebidas (un whisky, un champán fino y dos o tres burdeos), “entre otras exquisiteces de la sociedad de consumo de eme”. El consuelo banal —vaya palabrejas— es que otros amigos (amigos de lo ajeno, habría que agregar) hacían lo propio y hurtaban perfumes franceses y otros objetos valiosos.

Al final del libro, cuya lectura va de más a menos, como podrá advertirse, cuenta que del comedor de la universidad que contrató sus servicios sustrajo en cinco ocasiones los cubiertos después del almuerzo. ¿Por qué lo hizo? Porque se encontraba disgustado y además se trataba de utensilios de metal de dudosa  procedencia con las iniciales de diversas compañías de aviación. Todo ello habla por sí mismo. Ponemos punto final. Juzgue el lector o ríase, si le parece.

en tendencia: AlfredoBrycePermisossolicitados

Noticias Relacionadas

’98 segundos sin sombra’, entre lo surreal y lo bello
La Revista, Tendencias

’98 segundos sin sombra’, entre lo surreal y lo bello

noviembre 25, 2021
Mujeres ‘Ornamento’
La Revista, Tendencias

Mujeres ‘Ornamento’

noviembre 11, 2021
Alex Vella: ‘Lo único importante es que mi escritura sea verdadera, sea lo que sea sobre lo que escriba’
La Revista, Tendencias

Alex Vella: ‘Lo único importante es que mi escritura sea verdadera, sea lo que sea sobre lo que escriba’

noviembre 3, 2021
‘Dune’: La asfixia de lo monotonal
La Revista, Tendencias

‘Dune’: La asfixia de lo monotonal

octubre 22, 2021
‘Kajillionaire’: El mundo está lleno de gente horrible
La Revista, Tendencias

‘Kajillionaire’: El mundo está lleno de gente horrible

octubre 21, 2021
‘La casa del sur’, el poder de un buen elenco
La Revista, Tendencias

‘La casa del sur’, el poder de un buen elenco

octubre 18, 2021

Noticias más vistas

Plugin Install : El widget de publicación popular necesita JNews - View Counter para instalarse

La Razón, medio de comunicación digital líder en noticias de Bolivia y el mundo, conecta a su audiencia a través de todas las plataformas digitales. Con una sólida presencia en redes sociales, programas de streaming innovadores, y el revolucionario e-paper, nuestro periódico digital inteligente, ofrecemos información confiable, ágil y al alcance de todos.

Síguenos en redes sociales:

Facebook
Twitter
Youtube
Instagram
TikTok
LinkedIn
Twitch
Threads
Whatsapp

Dirección: Colinas de Santa Rita s/n,
Alto Auquisamaña (Galpón de La Razón)
La Paz - Bolivia

Correo electrónico:
[email protected]

WhatsApp:
+591 71560184

© 2021-2025 COMUNICACIONES EL PAÍS S.A (Desarrollo web Arcadia SRL)

No Result
Ver todos los resultados
  • Opinión
  • Secciones
    • Economía y Empresa
    • Nacional
    • Mundo
    • Ciudades
    • Sociedad
    • Espacio Empresarial
    • La Revista
  • Suplementos
    • MARCAS
    • Energías y Negocios
    • Escape
    • Animal Político
    • Extra
  • La Razón PLUS
  • Contacto