Revisando el libro Fibras latinoamericanas de arte al límite, publicación de 2018 que destaca el trabajo de 40 mujeres artistas de la región, figuran dos nombres del arte en Bolivia: Erika Ewel y Alejandra Dorado. Sobre esta última gira la muestra que abrirá el martes 24 de julio a las 19.00 en el Centro Pedagógico y Cultural Simón I. Patiño de Cochabamba el curador Douglas Rodrigo Rada.
La reflexión, la provocación y crítica son parte vital de la obra de Alejandra Dorado Cámara —nacida en Cochabamba y licenciada en Bellas Artes con mención pintura de la Universidad ARCIS, Santiago (Chile)—, de discurso sólido y consecuente.
“Mi obra se apropia de diversos elementos de nuestro cotidiano, retratos de familia, iconografía religiosa, objetos estereotipados, ilustraciones, historia del arte; crea un recorrido que implica crisis como un punto de partida y una ruptura en la búsqueda de uno mismo: la muerte del yo”.
Creadora y directora del proyecto La Caja Verde, taller de artes visuales para jóvenes ciegos; así como curadora de Cimientos, festival internacional de performance y accionismo de Bolivia; Dorado lleva el arte a puntos de quiebre y riesgo, su obra descoloca al espectador y lo marca. “Me interesa el juego entre lo real, la imagen y la representación que propone el arte clásico y desarma el posmodernismo. Doy vueltas sobre el cuerpo, la sexualidad y los roles de género perturbando el orden moral y político, la transgresión, el sarcasmo, la ironía son indispensables”.
Feminista orgullosa, marca sus ideas también en la cotidianidad del diseño con su línea Santita. Como artista, explora técnicas y lenguajes, no les rehúye. “Me considero una artista iconoclasta que circula por el estilo barroco contemporáneo e incluso el kitsch, aunque no creo en casillas o designaciones definitivas”.
Para ella, el arte es un simulacro que debe ocultar algo para seducir. “Intento hilvanar los hilos que conduzcan hacia una lectura polisémica, nada definitiva, que se vuelve a crear. Una obra que no busca ‘gustar’ o ‘agradar’ sino interpelar”. Así, su obra se ha visto en festivales y residencias en Bolivia, Chile, EEUU, Cuba, Argentina, Canadá, Venezuela y Ecuador.
“Es muy importante para mí generar la obra a partir del concepto y del contexto en el que me muevo, sin hacer a un lado la globalidad y la escena del arte mundial. Creo que como artistas contemporáneos tenemos la responsabilidad de trazar historia en el lugar donde decidimos estar, no creo en el arte como técnica manual pura; sino como resultado de una investigación y un compromiso con la sociedad”.






