Sereno en el momento en que le toca hacer su trabajo, Rodrigo Cottier Arce confiesa que cuando está dentro del Centro Sinfónico Nacional siente como si se encontrara en su casa, ya que fue ahí donde comenzó su pasión por el violín. Su juventud transcurrió acompañada por una maleta y un ticket de viaje, porque desde pequeño visitó varios países con el objetivo de convertirse en un maestro del instrumento musical. Después de mucho estudio, hoy es un referente musical para el país. Por esa razón ha sido designado como evaluador externo de los 43 integrantes de la Orquesta Sinfónica Nacional de Bolivia.
La Orquesta Nacional de Conciertos —creada por el músico José María Velasco Maidana en 1940— fue el origen para que, cinco años más tarde, el entonces presidente Gualberto Villarroel promulgara el Decreto Supremo 297, que ordenó el nacimiento de la Orquesta Sinfónica Nacional, que se posicionó durante este tiempo como líder en la ejecución musical de obras universales. Empero, durante ese tiempo solo en 1965 se efectuó una evaluación a los miembros de este grupo, así es que era urgente hacer una valoración.
“Necesitamos conocer nuestro nivel, nuestra realidad, porque la Orquesta Sinfónica Nacional está en busca de la excelencia académica”, afirma Roxana Piza, directora ejecutiva de la agrupación musical. Con ese impulso fue creado, hace poco, un comité evaluador interno, liderado por el director musical Weimar Arancibia y el concertino Christian Asturizaga, que tuvo la participación de Cottier como evaluador externo.
De acuerdo con Arancibia, este proceso era necesario no solo porque se tenían que cumplir las normas institucionales, sino también para tener conocimiento del trabajo que se está desarrollando, así se sabrá cuáles son los elementos que deben mejorarse con el fin de llegar a la excelencia musical.
Desde el miércoles 14 hasta el viernes 16, cada uno de los integrantes de la orquesta llegó a la hora en que fueron designados para, primero, estudiar una partitura y luego interpretarla en el instrumento de su preferencia.
Fueron 10 minutos en los que el músico se afanaba en cumplir con los parámetros de medición, mientras que detrás de un telón negro se encontraban los jurados, que sin saber la identidad del evaluado tomaban nota de la afinación, el ritmo, la comprensión del estilo, el sonido, la dinámica, la interpretación y la articulación en la ejecución del instrumento.
En ese lado del escenario, en medio de la mesa amplia donde están los jurados, Cottier escucha la música tranquilamente mientras sostenía las partituras.
Ahí, en el último piso del Centro Sinfónico Nacional, el boliviano que actualmente integra la Orquesta Sinfónica de Bogotá recalca que siempre le gustó la música, aunque el punto determinante ocurrió cuando de niño quedó extasiado al escuchar un solo de violín de El lago de los cisnes, interpretado por Freddy Céspedes, quien tiempo después se convirtió en su maestro.
“Cuando escuché la orquesta en vivo, por primera vez, me cambió la vida, más al escuchar un solo de El lago de los cisnes. Quedé maravillado. Amé el violín en ese instante”, sostiene.
No lo tomó como un pasatiempo, sino como algo a lo que quería dedicarse, así es que estudió en el Conservatorio Tchaikovsky de Moscú —en la entonces Unión Soviética (URSS)—, de donde se graduó en 1987 para seguir su carrera profesional como intérprete y pedagogo.
Su pasión lo llevó a trabajar nueve años en la Orquesta de Cámara de Caracas y la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Táchira, principalmente, hasta que en 1998 recaló en Colombia como docente y violinista de la Orquesta Filarmónica de Bogotá. “Me han ofrecido ciudadanía colombiana y venezolana, digo que ‘no’ porque soy boliviano y porque quiero volver a mi país para apoyar con un poco de mi experiencia”. Lo ha hecho ahora en el Centro Sinfónico Nacional, donde sueña algún día volver a escuchar un solo de violín, interpretado por uno de los miembros de su querida orquesta.






