A sus 28 años, el fotógrafo estadounidense Roger Ballen había conocido ya gran parte del mundo. Poco tiempo después, en 1991, llegó a La Paz, donde la fuerza de la cultura indígena en la ciudad impresionó a quien se siente atraído hacia aquellos espacios que quedan fuera de la imperante influencia del comercio y la cultura que llega con él. “Aquel mundo que conocí ya ha desaparecido. Las personas y los animales son únicos, pero cada vez lo son menos”, afirma.
Si bien su obra comenzó con una tendencia más documental, con el tiempo llegó a construir imágenes que confunden la realidad con la pesadilla y el delirio. Muestra de ello son las piezas que se exponen en Artespacio CAF (Av. Arce 2915) hasta fines de diciembre. La exposición titula The place of the ballenesque y es una de las actividades de la Bienal Internacional de Arte Siart.
Ballen comenzó a sacar fotografías en la década de 1960. Y durante cinco décadas ha ido desarrollando un estilo que denomina como ballenesque: “Es una manera de expresar la visión que uno tiene. Es una forma de transformar el mundo y a lo largo de los años la mía ha sido primordialmente a través de la fotografía”, detalla el artista que nació en Nueva York, pero que vive en Sudáfrica desde hace más de 30 años.
Una de las características de su propuesta es que es difícil de definir. “No es arte contemporáneo, si es algo, tiende a lo psicológico”, expresa. El blanco y el negro son predominantes —por lo menos hasta hace poco—, los animales y los dibujos abundan en un espacio ambiguo, donde el cuerpo humano suele estar fragmentado.
“Mi obra se desarrolla en lugares caracterizados por el caos y confusión. No hay dirección, ni un motivo trascendente. Reinan la confusión y soledad”, recita en el video Ballenesque, donde dedica cinco minutos a explicar la estética que identifica su trabajo.
Dibujos “arcaicos” llenan las superficies de sus escenarios, donde no pueden verse ni ventanas ni elementos que emitan luz. Los retratados habitan un universo distópico que los consume, están vulnerables ante su entorno y el despojo está siempre presente.
Los animales, otro punto clave, aparecen en espacios inverosímiles, con mucha fuerza, activos, robándose el protagonismo: “No puedes escapar al animal, no puedes correr de él. El animal está profundamente dentro, venimos del animal”, declama, poéticamente, en el video que está disponible en YouTube.
La experimentación hace que paradigmas claves de su estética cambien abruptamente. Es el caso del retrato y también del uso del color. Después de casi cuatro décadas haciendo retratos, de pronto paró. Fotografiar personas ya no tenía lugar en su discurso visual y le restaba poder a otros aspectos de su fotografía.
Por el contrario tras más de cuatro décadas de utilizar solo película en blanco y negro, la llegada a sus manos de una cámara digital en 2017 lo llevó a experimentar con la fotografía a color.
Todos estos elementos construyen las capas de sentido que hacen compleja su propuesta. Y consiguen unidad a partir de conectarse con la búsqueda existencial de Ballen. Camino que, finalmente, no tiene respuesta ni final.
“La palabra más profunda en inglés es: nada. Vengo de la nada, sé nada y llegaré a ser nada. Mis fotografías, probablemente, vivirán más que yo”.






