Uno de los cientos de youtubers bolivianos, Sekakibo, sacó hace unos cinco meses un video titulado Bolivian Dreams”, donde en su estilo personal, sarcástico pero ingenuo, trataba de poner un giro millenial optimista al cliché que tenemos todos los bolivianos acerca de pensar que lo nuestro no es tan bueno como lo de afuera. Que vivimos en una constante lucha en contra de todos los que prefieren vernos caer que surgir y etcétera. Todos hemos tenido este pensamiento alguna vez, pero no es así y cada día se nota más.
El miércoles 30 de enero como siempre, impulsado por el ocio y la curiosidad, visité la Cinemateca Boliviana (Óscar Soria 100) guiado por un repost que me habían enviado al WhatsApp diciéndome que habría un concierto: “Curucusí, Ensamble Vocal e Instrumental: Música Latinoamericana del Barroco a la Actualidad”. En un subtítulo añadía “Gira Europea 2019”. Bolivia, ¡parte de la gira europea! Cómo perdérmelo.
El concierto se desarrollaría en el segundo piso. A las 20.00, mientras La Paz entera estaba pendiente del partido de Bolívar, ingresó el grupo vocal Coro ArteCanto, que interpretó una selección de siete piezas cortas. No fue impresionante pero sí hubo voces que demostraron su capacidad y la escuela que tienen por detrás. Cuestionable la selección de temas que interpretaron, podrían haber sido más entretenidos. Hubo dos solos vocales, muy breves, que dejaron huella por encima de la selección de canciones peruanas, paraguayas, brasileñas y centroamericanas.
Como no había programa, cuando los músicos se retiraron, por un segundo pensé que eso era todo el concierto. Entonces apareció el maestro Gastón Arce Sejas con su ensamble: violines y fagots. Eran 12 músicos en total que interpretaron ocho bellísimas piezas y un bis, a nombrar: Aires Folklóricos Bolivianos, de Ernesto Lafaye (lo mejor del repertorio y una pieza que muestra que Bolivia tiene composiciones de rango internacional), Danzares del Sueño, de Diego López Kohenke (huayños), estrenada esa noche. Los fagots interpretaron en solitario cuatro obras; un chachachá, Guadalquivir, de Gilberto Rojas; Por una Cabeza, de Carlos Gardel, y la impresionante Tres Danzas Aymaras, de Gastón Arce Sejas.
Hubo un detalle que escapó a todos, donde uno de los instrumentos tenía una tecla suelta y se escuchaba a cada momento que la presionaban, pero es una exquisitez que surgió porque el espacio permitía oír ese tipo de detalles.
El concierto cerró con Bachiana Brasileira, de Heitor Villalobos, y la adaptación de una melodía tradicional chiquitana, Para la Cruz. Ojalá busquen, descubran y disfruten estos títulos.
Más allá de la modestia de la presentación (la decoración eran notas musicales recortadas en papel pegadas a la pared) estos músicos y su selección fueron una de las cosas más honestas y hermosas que he visto en Bolivia y merecen representar al país cuando hagan su próxima gira por seis países de Europa.






