Un año más, la Asociación Pro Arte y Cultura (APAC) ha demostrado el poder de la sociedad civil organizada y empeñada en defender el derecho de las personas a disfrutar del arte, pero también a hacer arte. El Festival de Música Barroca y Renacentista Americana vivió su octava versión bienal con la misma fuerza que le dan los grupos de primer nivel venidos de distintos lugares del mundo para encontrarse con los nacionales —muchas orquestas de pueblo, integradas por niños y jóvenes, todas alimentadas por el festival—en el escenario privilegiado de las antiguas misiones de Chiquitos: sus hermosas iglesias.
Lo que ha sucedido este año, sin embargo, es excepcional. El festival se llevó a cabo con mucho menos dinero del que exige moverse entre las distintas sedes del festival: los pueblos de Chiquitos y Santa Cruz de la Sierra. Hay que estar en el lugar de los organizadores para saber lo que implica mover músicos —unos 800 esta vez— y los respectivos instrumentos, sin equivocarse, de un lugar a otro, de manera de cumplir el programa.
60.000 personas respondieron a los conciertos: hubo 119 de éstos. En verdad que sería injusto que estos encuentros dejen de realizarse por falta de apoyos. No se le pide al Estado que cree proyectos, no es su rol, sino que apoyo aquellos que funcionan, como muestra Santa Cruz.






