La Ley de Migración, vigente en el estado de Arizona, ha despertado múltiples voces de rechazo. Incluso dentro de Estados Unidos, la medida de los republicanos es vista como atentatoria contra los derechos humanos, racista, inhumana.
Igual, la ley se aplica y ha derivado ya en detenciones y retenciones de ciudadanos sobre quienes la Policía tiene «sospechas razonables» de que se trata de inmigrante ilegales.
Ya se ha dicho, y está pasando, según los reportes de prensa: los morenos, latinos en general, son el blanco lógico de esas razonables sospechas. Triste ejemplo de democracia.
Cuál será la desesperación de las personas que viven en EEUU, sabiéndose legales o ilegales pero no rubios, no de ojos claros, que las mujeres se han animado a enviarle una carta a la Primera Dama del país, justamente construido por migrantes.
Michelle Obama leerá, seguramente, la misiva: «Te pedimos tu solidaridad y compasión como madre que eres», le dicen. Y esperan que se haga algo contra le medida. Lo cierto es, sin embargo, que Obama, el presidente, está en desacuerdo con la ley; así lo ha hecho saber. Pero Arizona es otra cosa. Quizás la carta debió enviarse a la gobernadora Jan Brewer… aunque es posible que ni la hubiese leído.






