Inesita se ha marchado», comunicó dolido, pero sereno, Gil Imaná. Difícil encontrar un amor como el que se profesó esta pareja de artistas. Inés Córdova murió luego de un largo periodo en que su salud estuvo afectada, pero que ha debido ser menos duro porque Gil Imaná, su esposo, estuvo a su lado invariablemente.
Ambos se juraron amor el 4 de abril de 1964. Se habían conocido en la Escuela de Bellas Artes de La Paz, de manera que se podría decir que fue el arte el que los unió. Un arte que permite al ser humano mirar más allá del presente, proyectar un futuro y construirlo fiel a cómo se lo había imaginado. Los Imaná Córdova se preguntaron por los hijos.
Se dijeron que no iban a tenerlos, pues querían crear y viajar, y cuidarse. Cumplieron.
Una cualidad destacable en estos artistas es que, si bien trabajaron algunas obras de manera conjunta: murales, por ejemplo, cada uno conservó identidad en su obra. Así, Inés Córdova es un nombre propio, fuerte, innovador.
Es de lamentar que en los últimos años, debido a la enfermedad, la multifacética artista que vino al mundo en Potosí, no mostrase obra nueva. Pero, sus joyas, sus collages, sus cerámicas han mantenido total actualidad, como se apreciará en las retrospectivas que seguramente serán montadas.
El país se queda sin una de sus figuras esenciales. El duelo es profundo.






