Un grupo de chuquisaqueños se mira al espejo y tiene la certeza de que si se va a impulsar un cambio, para bien, en el departamento, luego de un periodo de conflictos y de sufrir la postergación como región, éste hay que trabajarlo y no esperar que caiga del cielo. O de las autoridades del gobierno central. «Tenemos que ser los actores», dice Willy Nava, dirigente de la prensa local, en el panel organizado por este diario en ocasión de recordarse los 201 años del grito libertario en Charcas.
A la hora de identificar lo malo que hay que transformar, René Hidalgo, dirigente de la Central Obrera Departamental, menciona «la mentalidad», y coincide con el dirigente de los estudiantes de secundaria, Brian Montoya, en lo de dejar de «ser como el perro del hortelano».
Las palabras de estos ciudadanos de una de las regiones más importantes del país, por sus posibilidades para impulsar el crecimiento de toda Bolivia, tienen sabiduría. No hay mejor señal para superar las situaciones que se considera negativas que asumir la responsabilidad en la labor. No hay mejor prueba de que se tiene voluntad de cambiar que reconocer aquello que de malo se halla en uno mismo.
Ojalá todos los bolivianos asumiéramos similar reflexión, sinceramente, decididamente.






