A fines del 2008, cuando el gobierno de Evo Morales emitió el Decreto Supremo 29836 que prohibió la importación de vehículos de más de cinco años de antigüedad, la historia de este negocio cambió por completo. Allí se había montado una cadena laboral: empresas, talleres, mecánicos, tableristas; en fin, todo un aparato en el que el oficio de los técnicos automotrices, entre otros, gozaba de buena salud.
Dos años después, la Zona Franca Industrial (Zofri) de la ciudad de El Alto, donde la demanda de motorizados usados daba trabajo y dinero a cientos de familias, redujo su actividad al mínimo. Los trabajadores migraron a Iquique (Chile), Challapata y Huari (Oruro) para transformar allí vehículos de contrabando.
Un reportaje de La Razón, publicado el lunes, reveló la crítica situación de esa zona franca en la que no sólo se habían concentrado grandes capitales de especuladores, sino también los sueños de mucha gente que deseaba tener un auto propio.
Hoy, la realidad es muy distinta. Los ‘transformers’ generan menos recursos y, por el contrario, la misma tarea pero realizada en Challapata, suscita un interés mayor con ganancias superiores en hasta un 40 por ciento.
La situación cambió tanto que paralelamente la demanda, si bien no se movió del rubro, sí se trasladó al negocio de los vehículos nuevos. Es así que mientras se registraba una paulatina caída de la rentabilidad en la venta de automotores usados, las importadoras de cero kilómetros experimentaban un auge muy esperado y positivo desde el punto de vista de que este sector empresarial siempre contribuyó al erario nacional.
Esto trajo aparejado un fenómeno que involucra a la banca, pues en ésta las importadoras han encontrado un aliado para que usuarios habituales de automóviles usados puedan acceder a créditos con intereses bajos y, así, adquirir vehículos nuevos.
Así, por un lado, tenemos la buena noticia de que la industria automotriz ha recibido un impulso más que interesante y, por otro, la mala de que la escasa venta de autos usados afecta con la pérdida de fuentes laborales en la Zofri alteña.
La desaparición de los ‘transformers’ sería un arriesgado vaticinio en este momento, si se toma en cuenta que éste es un país donde el contrabando se mueve a sus anchas, especialmente por los caminos secundarios, con y sin complicidad de los responsables de evitar esta actividad ilícita.






