La controversia se ha hecho una costumbre en esta época del año, pero ahora la Confederación de Padres de Familia subió el tono de la discusión al advertir que el ministro Roberto Aguilar será el responsable de las enfermedades que pudieran contraer los niños por asistir a los establecimientos educativos pese al frío reinante.
La situación es sumamente delicada porque involucra nada menos que a nuestros niños y adolescentes. Así que, mientras se desarrolla este tire y afloja entre autoridades y padres de familia, los alumnos van de un lado a otro como si no importaran.
Pero, más allá de la coyuntura, se repone un eterno debate. ¿Por qué los chicos se reincorporan, casi siempre, en medio de los peores fríos? ¿Qué tanto se meditan estas determinaciones? Al final, ¿se escuchan los consejos de los meteorólogos?
Da la sensación de que los reportes de los expertos en el comportamiento del tiempo no pesan lo suficiente a la hora de tomar este tipo de medidas. En el caso de este año, la incidencia de la proximidad de los festejos del 16 de julio, en el departamento de La Paz, así como la presión de los maestros que temen no cumplir con el calendario escolar y no recibir su bono de cumplimiento, aparecen como dos buenas razones para reiniciar las clases lo antes posible.
Ante la evidencia de que el frío no ha mermado sino todo lo contrario, el Gobierno trata de sopesar la situación (y aplacar los ánimos) disponiendo la demora de la entrada de los estudiantes en media hora. Pasa por alto el inconveniente que les genera a los padres que a diario llevan a sus hijos hasta las unidades educativas y que, como ellos deben trabajar desde temprano, no tendrán más alternativa que dejarlos en el horario habitual.
Entretanto, el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología anuncia para hoy el ingreso de un frente frío al país. Del 12 al 18 de julio se registrarán bruscos descensos de las temperaturas con valores que bajarán hasta -9°C en El Alto, -15°C en Oruro y -20°C en Potosí.
A esta altura del calendario no hay mucho que hacer: la decisión está tomada. Que sirvan estos conceptos para los próximos años, pues no se puede jugar con la salud de la niñez. Una semana más de vacaciones hubiese evitado muchas enfermedades respiratorias y, si el problema eran las horas perdidas, siempre se las puede recuperar con la optimización del tiempo en el aula.






