Se han relacionado mucho, en clave cómica, las predicciones meteorológicas con las astrológicas. Que si uno sale con paraguas bajo un sol radiante o anda en mangas cortas mientras cae un gran chubasco. Al final no resulta nada grave: el clima, como la suerte, son variables.
Sin embargo, hoy la tecnología permite ver la llegada de vientos fríos desde el polo con la debida anticipación y satélites de todo el mundo —no sólo el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología de Bolivia (Senamhi)— dan cuenta vía internet de las tendencias del clima.
Es por ello que la terca negativa del Gobierno de alargar las vacaciones de invierno tuvo que toparse irremediablemente con la helada realidad: una severa ola de frío que ha sido titular en la mayoría de los medios, casi por encima de las leyes que han estado en aprobación.
¿Es acertada la suspensión de clases? Por supuesto. Sin embargo, se trata de una respuesta tardía de autoridades que han tenido frente a sí pronósticos meteorológicos, las recomendaciones del sector salubrista, el clamor de los padres de familia y el clima palpable de las calles.
Con estos datos sobre el clima, aún queda un sector al que se puede ayudar: la gente que participa en la marcha indígena, sobre todo los niños, que no están preparados para soportar este frío que puede tener consecuencias lamentables.






