Luego de luchar contra una larga enfermedad, el arquitecto, historiador y humanista José de Mesa Figueroa dejó la vida terrena el pasado viernes 23 de julio. Si bien se le ha conocido también por ser el padre del ex presidente de Bolivia Carlos D. Mesa Gisbert, la figura de «don Pepe» brilla con luz propia como una de las grandes personalidades de la cultura boliviana de la segunda mitad del siglo XX.
Profesional de la Universidad Mayor de San Andrés, unió su vida a la de la también arquitecta Teresa Gisbert y, juntos, viajaron a España para hacer la especialidad en Historia del Arte. A su retorno, los dos jóvenes arquitectos emprendieron la titánica tarea de estudiar el arte en Bolivia. Este trabajo ha marcado un antes y un después en el proceso de autoconocimiento de la historia boliviana. La valoración actual de nuestro carácter mestizo, así como el recuento y el estudio de nuestro patrimonio, se debe en gran parte a esta tarea.
A su labor investigativa se sumó la docencia universitaria y su participación en diferentes instituciones relacionadas con el quehacer cultural y científico. También destacó como gestor cultural y recibió el Premio Nacional de Cultura en 1995. El legado de «don Pepe» es enorme. Su figura nos guía hoy —más que nunca —a buscar el conocimiento para valorar más a nuestro país.






