Lo ideal sería concertar y no confrontar. Hace cuatro años, precisamente en Sucre, al momento de instalarse la Asamblea Constituyente, se inauguraba una nueva forma de desfilar con una muy aplaudida parada campesino-militar. Sin embargo, los tiempos no son los mismos y, tras una serie de situaciones que han distanciado a las autoridades políticas con parte de la sociedad chuquisaqueña, la capital de Bolivia perdió la organización de los actos del 6 de Agosto.
La promulgación de la nueva Constitución Política del Estado, no obstante, abrió la posibilidad de que Sucre no siempre albergue esta cita particularmente simbólica para el país. Lo que salta a la vista es que la regla manda a los asambleístas legislativos a inaugurar sus sesiones en Sucre y, sólo en casos excepcionales, en otro lugar.
También, resulta positiva la intención del Gobierno de democratizar una fiesta que no es exclusiva de una ciudad, sino que involucra a todo el país.
Mientras el debate siga en pleno desarrollo y seguramente continuará así la próxima semana, el vicepresidente Álvaro García Linera dijo que ahora, el desafío es construir el poder total en base a tres ejes: los poderes económico, político y cultural, para garantizar el proceso de cambio.
En cuanto al poder económico, manifestó que se tiene que consolidar el proceso de industrialización de las materias primas a cargo del Estado y la soberanía sobre los recursos naturales, luego redistribuir la riqueza y por último potenciar la capacidad económica de los sindicatos para que tengan capacidad económica y productiva.
En cuanto al poder político, anunció que la presencia «del pueblo» tiene que seguir profundizándose con gente que responda al control social y estar en todas las entidades, con servidores públicos dispuestos a sacrificarse, con la idea de que van a salir pobres de los cargos.
En cuanto al poder cultural, el Vicepresidente señaló que éste debe construirse a partir del potenciamiento y la formación ideológica y la emergencia de nuevos dirigentes. «La idea del pueblo tiene que estar en todas partes».
El arte de gobernar no debe traducirse como el arte de borrar de plano ciertas tradiciones. Y la historia —incluida la Casa de la Libertad, como todo templo de la libertad en Bolivia— merece respeto, lo cual no significa que no se deban aplicar los cambios propuestos.






