El país vuelve a creer en los hidrocarburos y en todo lo que implica tener, en las entrañas de la tierra, un tesoro aún no cuantificado íntegramente, pero que permite pensar en un futuro mejor, siempre y cuando se entienda que sólo la estabilidad política y la confianza en los inversores posibilitarán el ansiado despegue de este sector vital para la economía nacional.
No se trata de continuar dependiendo de la explotación de materias primas, con lo cual la promesa de la industrialización permanecería encajonada junto con otros proyectos no concretados hasta ahora por la administración de Evo Morales. La excesiva subordinación de la economía al comportamiento de los precios del gas natural en el contexto internacional puede resultar peligrosa si, a corto, mediano o largo plazo, la actual situación llegara a cambiar y se volcara completamente hasta suponer un factor negativo.
Recientemente se confirmó el hallazgo, en el estado de Maranhao, de una inmensa reserva que equivaldría a la mitad de la exportación gasífera a Brasil; pese a todo, ese país planea triplicar la demanda del hidrocarburo boliviano. El problema es que Bolivia no produce la cantidad suficiente de gas como para cubrir las exportaciones, ni siquiera su demanda interna.
YPFB sigue débil y no termina de levantar cabeza, pese a haberse constituido en el eje de esta cadena productiva. Ninguna institución puede llevar adelante un trabajo serio, regular, con seis presidentes en cuatro años, como ocurrió con Yacimientos. Y pasa lo mismo con el sector en general: durante este gobierno, Hidrocarburos tuvo cinco ministros y seis superintendentes.
Las actividades de exploración y producción de gas natural, entre 2006 y 2009, han sido prácticamente nulas. Hasta ayer, no se sabía con exactitud cuál sería el compromiso de las empresas petroleras para con la oferta gubernamental de dar un impulso más decidido a este sector. Ahora que se conoce de la intención de invertir 786 millones de dólares en proyectos destinados a cumplir con la venta de gas a Brasil, parece haber llegado la hora del esperado despegue. Queda por resolver el preocupante tema de la importación de carburantes.
La buena noticia ofrecida por el ministro Villegas alienta la esperanza de un repunte de este sector, en el que se concentra la mayor apuesta en la lucha contra la pobreza y por el desarrollo del país.






